Lilith's Brood. Xenogénesis

Antes de nada, quiero aclarar que tenía la intención de escribir sobre la Trilogía Xenogénesis de Octavia E. Butler antes de que Nova reeditara los tres libros en una nuevo y único volumen en la primavera de 2021. Una decisión muy acertada y, desde luego, supone un merecido homenaje a una de las mejores escritoras de ciencia ficción. Sin lugar a dudas, Butler alcanza en esta triple obra un nivel que difícilmente alcanzarán otros autores del género.

El primero de los libros de Xenogénesis, Amanecer (1987), me pareció una obra sublime, imprescindible. La devoré. Así que, antes de lanzarme a escribir, ávido de más, quise leer sus continuaciones, Ritos de Madurez (1988) e Imago (1989). Y no es que estos dos libros fueran de peor calidad. Sin embargo su lectura me costó bastante más trabajo. Me costó digerirlos. Y es que crearon en mi mente choques y contradicciones y alguna que otra duda existencial. Lo cual, bien pensado, es una virtud. El esfuerzo mereció la pena. Me explico:

Alienígenas y humanos

En la ciencia ficción estamos acostumbrados a tratar, en general, con tres tipos de seres. Por un lado tenemos a los humanos. Aunque el autor sea capaz de introducir cambios y transformaciones acordes al contexto en el que se da la historia que se relata, siguen siendo humanos. Podemos identificarnos fácilmente con ellos, con sus dudas y decisiones, con sus sentimientos y deseos.

Por otro lado, contamos con dos tipos de alienígenas. Los alienígenas que, a afectos prácticos son humanos con una apariencia curiosa. Los hay más o menos antropomorfos y no suelen ser los protagonistas principales, aunque lleguen a jugar un rol importante o, incluso, sean los antagonistas. Las sagas de Star Wars o Star Trek estarían plagada de estos seres, pero, en general, son los más recurrentes en la ciencia ficción, aunque seguramente serán improbables e irreales.

También tenemos alienígenas completamente diferentes a los humanos, lo cual es, en mi opinión, sería bastante más probable en el caso de darse un primer contacto. Así tenemos, por ejemplo, a los «blandos» y los «duros» de Asimov en Los propios dioses, Solaris de Stanislaw Lem o los «heptápodos» de La Llegada. El objetivo de estos seres en la historia narrada es sorprendernos, mostrarnos lo tan diferentes que pueden llegar a ser las distintas formas de vida que nos encontraremos en el universo. ¡Romper esquemas! ¡Cuestionar lo que consideramos inamovible! Y ese papel lo juegan en Xenogénesis los «oankali«, la especia alienígena que rescata a la humanidad.

Pero en Xenogénesis se da un paso más

Lilith, la protagonista principal de Amanecer, es humana. Su historia en este primer libro es una historia humana, muy buena historia, por cierto. Sin embargo, Akin, el protagonista de Ritos de Madurez y Khodahs, de Imago, ambos «hijos de madre humana» de Lilith, ya no son humanos como lo somos nosotros. Son otra cosa. Son «construidos», el resultado del cruce y la ingeniería genética de humanos y oankali.

Los temores y deseos de Lilith son humanos. Pero los de Akin y Khodahs son una curiosa mezcla humana y oankali. Diferente. Imaginativa. Y, reconozco que, en algunos momentos me transmitían sensaciones contrapuestas, incluido cierto rechazo. Me constaba mucho identificarme con ellos y la lectura me invitaba a cuestionarme muchas cosas.

Y sin embargo, son ellos los protagonistas. La historia de Ritos de Madurez y de Imago transcurre desde sus puntos de vista. Lilith es un personaje secundario. Y si existe algún antagonista, estos serán, precisamente, los restos de la antigua humanidad, los resistentes. Los humanos que han rechazado a los onakali -o desde su punto de vista no se han sometido-, con todo lo que eso implica.

¿Con quién me identifico?

Para mi sorpresa, en bastantes momentos tendía a identificarme más con el punto de vista de los resistentes que de los protagonistas… ¡Me parecían tan alejados de mi propia humanidad! Pero no porque Akin o Khodahs estuvieran mal planteados. ¡Todo lo contrario! Butler logró crear una historia tan coherente y tan creíble que la transformación de la humanidad que nos plantea en Xenogénesis es perfecta. Terroríficamente perfecta si lo pensamos bien.

¿Estoy de acuerdo con el rumbo que ha tomado la humanidad en Xenogénesis? ¿Y el que estamos tomando en el mundo real? ¿Está justificado el rechazar lo que nos hace humanos a cambio de la supervivencia? ¿O a cambio de un futuro sano, desarrollado y pacífico? ¿Qué define la humanidad? ¿Qué significa «ser humano»? ¿Podemos seguir considerando a los construidos como pseudo-humanos? Porque realmente ya no son homo sapiens, son las nuevas generaciones de oankali que han comerciado con el ADN humano.

¿Tiene futuro la humanidad? Si quieres enfrentarte a todas estas preguntas, no dejes de leer a Octavia E. Butler. Como podemos ver, sería un tópico y un grave error reducir su obra a una etiqueta. Limitarla a literatura feminista o afroamericana o antirracista, o cualquier otra categoría en que queramos encuadrarla, sin desmerecer ninguna de esas temáticas.

Lilith y el amanecer de la nueva génesis

En la mitología judía, Lilith fue la primera mujer de Adán, antes que Eva. No fue creada por Dios a partir de la costilla del primer hombre, como posteriormente haría con su sucesora. Yahvé la formó tal y como había hecho con Adán. Así que Lilith se negó a someterse al primer hombre cuándo éste la intentaba obligar a yacer montándola encima, ya que ella se consideraba su igual. Enfrentada a Adán, logró escapar del Paraíso. Finalmente entró en contacto con distintos demonios (ángeles caídos) con los que se apareó, dando a luz a numerosas generaciones de súcubos.

Como en casi toda la mitología clásica, muchísimos mitos suelen ser un reflejo del período en el que se impuso el patriarcado y los dioses masculinos sobre sociedades preexistentes más ancestrales en las que predominaban las diosas-madre femeninas. Sociedades en las que la mujer tenía un papel más preponderante. No es de extrañar que en posteriores reinterpretaciones rebeldes de estos mitos, Lilith se convirtiera en un icono del feminismo. Al igual que Lucifer en su rebelión contra Dios fuera un símbolo de libertad y lucha contra la opresión.

Y Lilith en Xenogenésis, como en la mitología, será la madre de una nueva estirpe. Odiados demonios desde el punto de vista «humano». El futuro inevitable de la vida inteligente en el universo.

Amanecer de la xenogénesis

La saga de Xenogénesis empieza contándonos como Lilith, una mujer negra estadounidense de origen nigeriano, ha sido rescatada por los oankali de nuestra Tierra tras una devastadora guerra nuclear. Escapó de un falso Paraíso, condenado a la autodestrucción por nuestros propios pecados.

La primera parte de Amanecer nos contará como Lilith se siente secuestrada por los oankali. En un proceso paulatino, irá descubriendo con verdadero pavor y ansiedad quiénes son y qué buscan esos extraños captores. Lilith sentirá miedo, duda, asco hacia los alienígenas, incluso xenofobia, y resistencia y rebeldía, orgullo humano, sentimiento de culpa y de traición… Su desarrollo psicológico y su evolución es realmente interesante.

Durante siglos Lilith ha estado en animación suspendida, mientras sus salvadores restauraban el planeta Tierra. Ahora la despiertan una y otra vez tratando de que colabore con ellos, al principio con poco éxito. Poco a poco le irán explicando quiénes son y cuáles son sus planes. Han rescatado a los supervivientes humanos de la guerra, condenados a una muerte segura. Pero como la apariencia, usos y costumbres de los oankali son tan diferentes a los humanos, éstos necesitan un proceso de adaptación paulatina, por lo que despiertan a los supervivientes poco a poco.

Los oankali y la estirpe de Lilith

Los oankali son una especie alienígena muy dinámica. Su modo de vida es lo que ellos mismos llaman «comercio de ADN con otras especies». Son los demonios, cercanos a los monstruos del terror cósmicos, llenos de tentáculos. Son genios de la ingeniería genética, capaces de curar cualquier enfermedad humana y reaprovechar los cánceres y tumores para restaurar órganos y extremidades. Hay oankali machos, hembras y luego están los oloi, un tercer sexo, verdaderos manipuladores de ADN, entorno al cual gravita la familia alienígena.

Lilith ha sido seleccionada por los oankali por sus cualidades para que se convierta en la líder de los supervivientes de la humanidad. Los oankali la dotarán a ella y a los suyos de muy buena salud, capacidad de regeneración, fuerza, velocidad, más inteligencia… Pero también el conocimiento de que ellos serán la última generación humana. Sus descendientes, su estirpe, serán los construidos, mezcla genética de humanos y oankali, realmente la nueva fase de evolución de los oankali.

Los oankali no dudarán en ofrecer los frutos del árbol del conocimiento, así como aprovecharse de sus «poderes» y de la lujuria para ganarse a su causa a los humanos que han rescatado. Por supuesto, no todos los humanos aceptarán este papel, a pesar de las numerosas ventajas que la unión con los oankali supondrá (y el propio placer sexual que genera dicha unión). En todo caso el proceso es irreversible. Los humanos que no se unan a los oankali serán incapaces de procrear nuevos humanos.

cubierta de Imago

Los planes oankali

Desde muchos puntos de vista los oankali son parásitos que esquilman todo lo vivo de un planeta, asimilan todo lo que consideran ventajoso y emprenden la marcha a un nuevo mundo. Realmente, para poder sobrevivir necesitan evolucionar integrando en su especie el ADN de otras especies.

La culminación de Xenogénesis llega con el desarrollo del primer oloi construido, Khodahs. Precisamente por eso el tercer libro se titula Imago, el tercer estadio de desarrollo de los insectos, cuando estos son sexualmente activos, son adultos. Curiosamente, en psicología, según Carl Gustav Jung, imago es también la imagen mental idealizada que tenemos de las personas que fueron importantes en nuestra niñez, y quizá por eso los oloi construidos tienen una tremenda obsesión con los humanos.

Así de entrada podríamos pensar que los oankali son los villanos de la saga. La propia Lilith, más allá del asco que siente cuando contempla por primera vez la forma antihumana que tienen, como hemos dicho, comienza sintiéndose como una prisionera, temerosa de que la fuercen a ser una concubina. Se ve secuestrada, como un sujeto de experimentación, que ha sido abducida por estos aterradores alienígenas y que la violarán y abusarán de ella. Pero a diferencia de los humanos resistentes que continuarán pensado así, ella evolucionará. Esta será una mezcla de resignación e inevitabilidad, incluso de adicción, pero también una comprensión más profunda de lo que han sido los humanos sin los oankali y lo que supone unirse a ellos.

Romper con lo establecido

Aunque los intereses de los oankali podrían parecer egoístas ya que no hacen nada gratis por la humanidad (todo forma parte de un plan para su propia supervivencia), pronto nos daremos cuenta de que no son malvados. Son diferentes. Y la humanidad inevitablemente se enfrenta en esta saga a una transformación radical, irreversible y única.

Solo, quizá, podríamos compararla, y con muchísimos límites, con la revolución neolítica. El surgimiento de la agricultura implicó una transformación radical en la humanidad. No en sus genes como sí sucederá en Xenogénesis, pero sí en su cultura, economía, sistema de valores y creencias… Los humanos anteriores quedaron en fuera de juego (aunque algunas tribus hayan sobrevivido hasta la actualidad). No había vuelta atrás.

Ciertamente, si comparamos cómo han evolucionado las sociedades humanas a lo largo del tiempo, en seguida tendríamos que concluir que sería un error juzgar los usos y costumbres de otras épocas con nuestro actual sistema de creencias. Lo que hoy consideramos «bueno», «normal», «natural» es producto de nuestra actual sociedad, no es eterno ni inmutable. Butler juega con nosotros en ese sentido: Nos muestra otra sexualidad, otra relación con el medio ambiente y el ecologismo. Sitúa a la humanidad en perspectiva, no como una especie eterna, sino como unos seres que tendrán un inevitable final y que seremos sustituidos por otra cosa, ni mejor, ni peor: diferente. Me recuerda en ese sentido a El fin de la infancia de Arthur C. Clarke.

Inteligencia y jerarquía en Xenogénesis

La crítica a la humanidad recorre de la A a la Z toda la trilogía Xenogénesis. La propia Octavia E. Butler, impactada por la belicosidad de los neocons, la amenaza nuclear, la «guerra de las galaxias» de Reagan y todas las implicaciones de la guerra fría en los años 80 lo destacará:

Se me ocurrió la idea de los libros de Xenogénesis de Ronald Reagan porque él estaba defendiendo este tipo de cosas. Pensé que debía haber algo básico, algo genéticamente mal con nosotros si nos enamoramos de esas cosas. Y se me ocurrieron estas características. Los extraterrestres llegan después de la guerra y nos dicen que tenemos estas dos características que no funcionan y juegan bien juntas. Nos dicen que somos la especie más inteligente que han encontrado. Pero también somos jerárquicos. Y puse esto después de la gran guerra porque es una especie de ejemplo.

Tomada de extracto de una entrevista publicado en Libros Prohibidos

Butler señala en su obra una supuesta predisposición genética de la humanidad a la jerarquía como origen de todos nuestros defectos, como un pecado original. En concreto los oankali yuxtaponen en los humanos la inteligencia con la jerarquía: Cualquiera de estas dos características, por sí solas, en palabras oankali, hubieran sido útiles, pero juntas son fatales. Y han provocado la destrucción de nuestra civilización.

Sobre la jerarquía y el futuro de la humanidad

La humanidad desaparecerá. Desconozco si nos mataremos a nosotros mismos. Si no nos suicidamos, en algún punto del futuro desapareceremos como especie humana. Si llegamos a ser capaces de viajar por el espacio y de colonizar otros mundos, los cambios sociales y psicológicos que acarreará tal odisea, junto al dominio tecnológico y biológico que supondrá, seguramente convertirá a nuestros herederos en otra especie distinta. Y si no podemos colonizar otros mundos, simplemente la evolución del sistema solar hará que finalmente nos extingamos. La experiencia demuestra que no haya nada eterno.

Pero, ¿hay una predisposición genética a los liderazgos, a las clases dominantes, el autoritarismo, a la belicosidad humana, a esa jerarquía que señala Butler? No soy antropólogo pero el ser humano es una especie animal muy social. Y antes del desarrollo del Estado, en los primeros agrupamientos humanos el «líder» era uno más, primero entre iguales, elegido por necesidades concretas del grupo. En todo caso creo que esa «jerarquía» es la forma que adopta una feroz lucha por la supervivencia en una jungla de necesidades y peligros. En otra tipo de sociedad más desarrollada, esa jerarquía sería sustituida por una colaboración social, precisamente predispuesta por nuestra necesidad de vivir en comunidades y colaborar con nuestros semejantes.

¿Es una visión muy optimista de la humanidad? Como otras veces hemos comentado en este blog, los seres humanos somos capaces de lo mejor y lo peor. Capaces de destruirnos, pero también de salvarnos a nosotros mismos. Precisamente es la inteligencia, empleada de manera colectiva, la herramienta que tendría que servirnos para superar esa «jerarquía» butleriana, sin necesidad de que vengan unos alienígenas a salvarnos a cambio de dejar de ser humanos.

¿Y los resistentes?

No puedo terminar sin dedicar unas palabras a los resistentes. Porque, como ya señalé, hubo momentos, sobre todo en Ritos de Madurez que, como le pasaría al propio Akin, mi simpatía basculó hacia estos irreductibles. Es verdad que les mueve el miedo, el prejuicio, incluso el racismo. En nombre de la libertad y de la humanidad han preferido dar la espalda a los oankali y a todas las comodidades que éstos les podían ofrecer. Desde fuera podría pensarse que son, más que individuos libres, una masa atrasada, irracional.

Pero, exacto, son resistentes. Son unas criaturas trágicas, sólo les queda el pasado, una época pretérita que no volverá. Viven de recuerdos, una época aparentemente gloriosa pero que les ha conducido a la situación que están viviendo. Y sin embargo, sacan fuerza de flaqueza. Aunque no tienen ninguna esperanza en el futuro, sólo acumulan resentimiento hacia los oankali y hacia la estirpe de Lilith, son capaces de reconstruir de la nada una cierta sociedad, una cierta vida. Embrutecida, es verdad, pero no podía ser de otra manera.

Esa capacidad de resistencia, de adaptación, de luchar por renacer como un ave fénix… ¿no son características muy humanas y muy loables? Superar todos los obstáculos. ¡Incluso la esterilidad impuesta por lo oankali! Y no sólo secuestrando bebés construidos, como vemos en Ritos de Madurez. En Imago, Butler nos explica que son capaces hasta de sacrificar su propia salud por el anhelo de tener descendencia, de poder construir un futuro.

Inteligencia, jerarquía y… cabezonería, persistencia, resistencia. Me juego el cuello a que los resistentes lograron crear una nueva civilización en Marte, aunque los oankali estén convencidos de que inevitablemente terminarán autodestruyéndose.


¿Y tú que opinas de todo esto? ¿Has leído Xenogénesis? ¿Qué te pareció?

portada de La estirpe de Lilith. Trilogía xenogénesis.
carátula de la Estirpe de Lilith

Ficha del libro:

Trilogía Xenogénesis. La estirpe de Lilith

  • Autora: Octavia E. Butler
  • Trilogía compuesta por: Amanecer, Ritos de madurez e Imago
  • Título original: Lilith’s Brood. Xenogenesis.
  • Fecha de publicación:
    • Dawn, 1987
    • Adulthood Rites, 1988
    • Imago, 1989
  • En España: Nova,  9788418037115

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Un comentario en «Xenogénesis, La Estirpe de Lilith»

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