origen inception

Origen, Inception, sueños, ideas y felicidad

Christopher Nolan es, sin duda, uno de los directores más importantes de los últimos veinte años. Cuando la pandemia amaine se estrenará su próxima película, el thriller de ciencia ficción Tenet. Al parecer, tratará de los viajes en el tiempo. En este mismo blog ya hemos hablado de Interstellar, su homenaje particular a 2001 de Kubrick. Sin duda, el director quiere pasar a la posteridad y todas sus películas tienen una búsqueda consciente de la trascendencia. Origen, Inception, de la que hoy queremos escribir, es una de sus obras más notables. Por su historia, su montaje, su banda sonora, sus efectos… una película creo que imprescindible.

El objetivo de esta entrada no es elucubrar sobre las distintas teorías que buscan explicar la película. Cuando se estrenó en 2010 Internet se llenó de blogs y youtubers que dan su interpretación al final de Origen. En ese terreno, creo que ya está casi todo dicho, sobre todo cuando el propio director se expresó creo que bastante claramente al respecto.

A vueltas con el final

En el final que funcionó de esa película, el personaje de Leonardo DiCaprio, Cobb, estaba con sus hijos, estaba en su propia realidad subjetiva. Realmente ya no le importaba [si estaba en un sueño o en la realidad], y eso significa: tal vez, todos los niveles de realidad son válidos.

Christopher Nolan, discurso en la Universidad de Princeton, 2015.

Es decir, Cobb, el protagonista, ha alcanzado el objetivo por el que lucha durante toda la película. Ha logrado reencontrarse con sus hijos, volver a verles la cara. Y ya no le importa que la peonza —su totem— deje o no deje de girar. Ya no le importa estar en la realidad o en un sueño. Particularmente, creo que éste es el quid de la cuestión y no importa si realmente toda la parte final transcurre en el mundo real, o si ha quedado atrapado en el limbo, o si siempre, durante todo o casi todo el metraje, estuvo en un sueño.

Desde luego la polémica continúa. Aún el 8 de enero de este año, diez años después del estreno de Origen, los propios actores seguían dándole vueltas a su significado. En cualquier caso, es un final abierto y como en otras películas como El Hoyo o Aniquilación, le corresponde al espectador apostar por un camino u otro. ¡Me encantan las películas que dan esta libertad al espectador! Se agradece.

Philip K. Dick en Origen

La primera vez que vi Origen reconocí en el planteamiento de la película la huella de uno de mis autores favoritos de ciencia ficción. Efectivamente: Philip K. Dick. Una trama de espionaje industrial. Capas de realidad e irrealidad indistinguibles. Drogas, sustancias químicas para manipular esas capas. Adicción. Muchas de las novelas de Dick parten de estas mismas premisas.

Ubik o Los tres estigmas de Palmer Eldritch son buenos ejemplos al respecto. En la primera, desde un caso de espionaje nos iremos a la sutil diferencia para el autor entre la vida, la muerte… y la semivida, con la misteriosa sustancia Ubik omnipresente. En Los tres estigmas, la competencia entre empresas nos llevará a un mundo que mezcla realidad, alucinaciones e incluso viajes espaciales y temporales… siempre con una droga como catalizador. Si te gustó Origen, mi consejo es que abordes la obra de Philip K. Dick.

En Origen, como bien sabes, Cobb es un mercenario, prófugo de EEUU, que se interna en los sueños de sus víctimas para robarles secretos industriales, políticos… Para ello utiliza una tecnología de última generación: Mediante una compleja máquina y unos compuestos químicos, él y su equipo son capaces de adentrarse en los sueños de la víctima e interaccionar con ella para manipularla y engañarla.

El mundo onírico

El mundo de los sueños ha acompañado a los seres humanos desde el origen de nuestra especie. No sólo los humanos duermen. Como bien sabemos todos los que tenemos perros, nuestros fieles amigos también tienen sueños… ¡y pesadillas! Se mueven, se agitan, incluso ladran en sueños. No sabemos qué sueñan. No podemos preguntárselo. Nosotros mismos no recordamos muchas veces nuestros sueños. A veces recordamos una pequeña parte, vamos al baño a orinar… y se olvida por completo. A veces hay cosas que no identificamos si se han producido en la realidad, o si lo hemos soñado. Otras veces el recuerdo del sueño es vívido, sobre todo cuando se trata de pesadillas, que pueden llegar a ser recurrentes.

Hay antropólogos que creen que la idea del alma, u otros conceptos exóticos como el viaje astral, tienen su origen en los sueños. Nuestros ancestros soñaban y trataban de darle una explicación que en esa época sólo podía ser mística. Desde tiempos inmemorables se ha buscado en los sueños algún tipo de premonición. Filósofos como Platón o Descartes abordaron el mundo de los sueños. Más recientemente, Freud al desarrollar el psicoanálisis, le dio una gran importancia a los sueños, buscando en ellos una expresión de nuestro inconsciente. Hay numerosas teorías.

Lo que parece claro es que en los sueños se mezclan nuestras vivencias y nuestras preocupaciones. Mezclamos recuerdos, deseos y temores. Incluso podemos soñar que estamos soñando. Nuestro cerebro da rienda suelta a un mundo de imaginación y surrealismo. Es por tanto, un mundo mágico. Posiblemente imprescindible para nuestra salud mental y física. Misterioso. Aún muy desconocido. Y, por tanto, una dimensión idónea para la elucubración.

La vida es sueño

¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Calderón de la Barca, La vida es sueño

¿Qué es realidad y qué es sueño? Esta pregunta ha estado presente en numerosas obras de ciencia ficción (y de mucho antes de la ciencia ficción). Antes hablé de Philip K. Dick. Pero tenemos el caso, quizás más conocido, de Matrix. ¿Cómo podemos diferenciar si estamos en la realidad o estamos en un sueño, o en una simulación por ordenador? ¿Pueden engañarnos nuestros sentidos? Ya Descartes se lo preguntaba, y esta confusión entre sueño y realidad era una de las patas de su duda metódica:

¡Cuántas veces me ha sucedido soñar de noche que estaba en este mismo sitio, vestido, sentado junto al fuego, estando en realidad desnudo y metido en la cama! Bien me parece ahora que, al mirar este papel, no lo hago con ojos dormidos; que esta cabeza, que muevo, no está somnolienta; que si alargo la mano y la siento, es de propósito y a sabiendas; lo que en sueños sucede no parece tan claro y tan distinto como todo esto. Pero si pienso en ello con atención, me acuerdo de que, muchas veces, ilusiones semejantes me han burlado mientras dormía; y, al detenerme en este pensamiento, veo tan claramente que no hay indicios ciertos para distinguir el sueño de la vigilia, que me quedo atónito, y es tal mi extrañeza, que casi es bastante a persuadirme de que estoy durmiendo.

Descartes, Meditaciones metafísicas.

Origen juega precisamente con esta premisa. Dentro del sueño a veces somos conscientes de que soñamos. Pero muchas veces no es así. ¿Cómo podemos distinguir sueño de realidad? Es más, ¿cómo podemos saber que lo que pensamos que es la realidad, lo es realmente? No es tan fácil de demostrar. Quizás porque del sueño tarde o temprano despertamos, mientras que la realidad es la parte que vivimos cuando no estamos dormidos. ¡Pero a veces soñamos que soñamos, y despertamos de ese sueño para estar en el sueño original! Es difícil romper este bucle y cotidianamente nos dejamos guiar por el sentido común, sin otra prueba que nuestra experiencia cotidiana que nos ayuda a diferencia entre un mundo real y un mundo onírico.

No obstante, la respuesta de Nolan y de Origen a esta duda es pragmática: «No importa. Vivamos sin importarnos si es real o no». Por eso la película se adentra en el poder de las ideas. Lo que importa al final es lo que creamos nosotros mismos.

el totem de origen

Inception, la idea origen

— ¿Cuál es el parásito más resistente? ¿Una bacteria? ¿Un virus? ¿Una tenia intestinal?
— Lo que intenta decir el Sr. Cobb…
— Una idea. Resistente. Altamente contagiosa. Una vez que una idea se ha apoderado del cerebro es casi imposible erradicarla. Una idea completamente formada y entendida, que se aferra…

En Origen, la trama se desarrolla porque un empresario japones contratará a Cobb, no para robar un secreto industrial, sino para introducir una idea en el hijo de su principal rival: La idea de que destruya la empresa de su padre. Así el japones lograría eliminar la competencia de un plumazo. Precisamente para poder introducir esta idea tendrán que escarbar en el subconsciente de la víctima. Y preparar la idea para que sea sencilla, simple y emotiva, para que arraigue y la adopte como una idea propia.

Cobb sabe que se podía hacer algo así porque ya lo había experimentado con su mujer Mal. Le había introducido una idea en el «origen». Esa idea había prosperado en su subconsciente. Había crecido y se había desarrollado, dominándolo todo. Así, Mal estaba convencida de que su vida no era real. ¡Ésta era la idea introducida! Y nada de lo que Cobb intentara en el mundo real podía hacerle cambiar a ella de idea.

Marx también lo señalaba: «Cuando una idea se apodera de la mente de las masas, se convierte en una fuerza material­». Y lo que vale para las masas, vale aún más para los individuos. Sobre todo en una sociedad construida sobre la sobrevaloración del individuo, donde lo que el «yo» cree, se eleva a verdad suprema, aunque el origen de esa creencia sea falsa.

La búsqueda de la felicidad y la fragilidad mental

Como vemos, el poder de las ideas es más importante en la película que realmente el mundo de los sueños. Lo que importa es lo que creemos y cómo hemos llegado a creer eso. Por eso, tiene sentido el final señalado por el director. Cobb quería ver a sus hijos. Lo logra. Punto final. Era lo que él quería. Era lo que para él es válido y real. Da igual que sea un sueño o no. La idea de que esa es su realidad se apoderará de su mente y para él ya será suficiente. No se lo cuestionará.

Claro que el film nos advierte de la fragilidad de la mente humana y cómo nuestra salud mental está en constante peligro. Si una idea domina nuestro subconsciente podemos llegar a actuar de manera irracional, podemos llegar a poner en riesgo nuestra salud mental y física. Quizás tenemos una idea en nuestro interior, por ejemplo, la búsqueda de algo inalcanzable, por ejemplo una búsqueda idealizada de «la felicidad», que en la realidad nunca lograremos cumplir.

Probablemente porque esa idea incrustada en nuestra mente (por las apariencias, la publicidad, lo socialmente valorado…) es incorrecta, es falsa o exagerada. No hay una «felicidad­» eterna e inmutable, perfecta, platónica. Hay momentos en los que estamos felices, en otros no lo estamos y en muchos otros, ni siquiera nos lo cuestionamos y sólo existimos. Y sin momentos infelices y mediocres no podemos valorar un momento como feliz. Al no cumplir la realidad con esa idealización que tenemos en la cabeza nos frustramos, nos desengañamos, e incluso podemos deprimirnos.

Evasión, muerte y realidad

La evasión de la realidad en busca de la felicidad es uno de los riesgos señalados por Origen. Como una droga, o un mundo de realidad virtual. ¿Por qué Cobb y Mal abandonaron a sus hijos adentrándose en el mundo de los sueños hasta alcanzar ese limbo que nos muestra la película? Ese lugar representado por el mar —símbolo del caos primigenio del que se construyó el mundo—, donde pasamos realmente segundos y que, sin embargo, para nosotros parecen haber pasado décadas. Ellos huyeron de la realidad. Despreciaron la realidad y trataron de construir su propio mundo subjetivo. Mal llega a encerrar su tótem para olvidarlo por completo —la famosa peonza que nos sirve para identificar si estamos en la realidad o en un sueño—.

Cobb finalmente comprendió que el mundo que merecía la pena era el real, representado por sus hijos reales y por eso quiso volver del limbo. Su mujer, sin embargo, no quería enfrentarse a la realidad. Probablemente el verdadero problema de Mal ya existía antes de que Cobb le introdujera la idea de que todo aquello no era real.

Claro que entonces resulta paradójico el final señalado por Nolan. Porque implícitamente abre la puerta a que Cobb se esté autoengañando y Mal tuviera razón. Si al final da igual que los niños sean reales, si lo que importa es lo que Cobb se cree, si podemos construir un mundo ficticio donde ser felices, ¡qué importa lo que suceda en la realidad!

Pero sí importa la realidad

Sin embargo, la realidad es tozuda. Nos afecta. Podemos construir un mundo ficticio en el que evadirnos. Pero al final despertamos. Y cuánto más nos evadimos, más duro es el impacto que sufrimos al volver a la realidad. Y ese impacto puede llevarnos incluso a la muerte. Como le sucede a Mal. Y no existen pruebas de que al morir despertemos en otra realidad. Los religiosos tienen fe en ello. Los ateos creemos que una vez muertos, sólo seguimos estando presentes en los recuerdos de los que nos conocieron, pero como seres reales, independientes, hemos dejado de vivir.

Es verdad que Mal sigue existiendo en la conciencia de Cobb. Pero la Mal real está muerta y ya no volverá a existir. Lo que habita dentro de Cobb no es realmente Mal, porque él sólo puede construirla en base a sus recuerdos y sentimientos subjetivos. Lo que él creía que pensaba Mal, lo que él creía que era Mal. No lo que Mal realmente era, porque la verdadera Mal era una persona compleja, en evolución constante, capaz de sorprender a Cobb.

Quizás como dice Origen, es precisamente la muerte la verdadera esencia de la realidad. En el mundo real, morimos. Sólo en el mundo real podemos dejar de existir.

Los sentidos y la realidad

Es cierto que nuestros sentidos nos pueden engañar. ¡Y también nuestros pensamientos y nuestra mente! Es verdad que podemos confundir realidad y ficción. Pero, más allá de nuestra imperfecta percepción subjetiva, la realidad material sí existe. Existió antes de que yo naciera. Seguirá existiendo cuando yo desaparezca. ¿Qué pruebas tengo? Ninguna, salvo la propia complejidad que me rodea y mi propio instinto de auto-conservación. Me preocupa mi vida y la de mis seres queridos. Más allá de eso, para poder seguir existiendo no me queda otra que confiar en que la realidad existe y me afecta.

Lo cierto es que la humanidad, de forma colectiva, ha podido conocer y manipular esa realidad material. Hemos podido fabricar objetos que afectan a nuestra existencia. Y nuestras interacciones con otros humanos nos pueden afectar incluso de manera definitiva, incluso llevándonos a la muerte. Si nuestra percepción del mundo fuera toda una ilusión, si no hubiera manera de conocer esa realidad, esos avances científicos, tecnológicos, culturales serían imposibles, otras ilusiones sin base real.

Creo que es precisamente la acción colectiva de la humanidad lo que nos puede dar un conocimiento del mundo positivo, alejado de los límites del individualismo y el subjetivismo. ¡Cierto que mis sentidos me pueden engañar!, pero si pongo mi percepción en común con la de otros humanos podremos avanzar hacia un conocimiento, sino exacto, al menos aproximado y cada vez más preciso de la realidad. Así ha actuado la comunidad científica desde el siglo XVI, y, creo que por el momento, ha sido un método, con sus fallos, bastante acertado. Un conocimiento basado en la investigación, la experimentación y la contrastación y revisión de los resultados. Parece que nunca lo conoceremos todo, pero al menos cada vez nos iremos acercando más y más. Y puede que en ese avance, conquistemos un mundo real del que no nos queramos evadir.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has visto Origen? ¿Qué te pareció?


origen inception cover
origen inception cover

Ficha de la película:

Origen

  • Director y guionista: Christopher Nolan
  • Título original: Inception
  • Estreno: 8 de julio de 2010.
  • Productoras: Legendary Pictures y Syncopy
  • Premios (entre otros):
    • 4 premios Oscar de 2010: Mejor fotografía, mejor edición de sonido, mejor sonido y mejores efectos visuales.
    • Premio al mejor guión original por parte del sindicato de guionistas.
    • 3 premios Satellite y 3 premios Bafta.

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2 comentarios en «Origen, Inception, sueños, ideas y felicidad»

  1. Siento disentir, pero Nolan me parece uno de los directores más sobrevalorados del cine actual. Películas suyas que me gustaron fueron las dos primeras de Batman (la tercera era insufrible) y Dunquerke…el resto son, para mi gusto, unos films pretenciosos, largos y aburridos, que difícilmente se pueden soportar. Origen e Interstellar son dos películas de una duración excesiva para lo que cuentan, con unos personajes tan contenidos y fríos que careces de empatía alguna hacia ellos (aunque esto pasa en todas las películas de Nolan), no te importa si sufren, si mueren, si padecen…son solo parte del escenario. Así que, siento disentir (nuevamente) pero Origen me parece una película pretenciosa, cuyo argumento no lleva a ninguna parte, y cuyos personajes (al menos en lo que a mi respecta) me causan una indiferencia total y absoluta.

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