Moon

Moon, corporaciones y mano de obra

Reflexiones sobre la película de Duncan Jones

Supongo que la genialidad está presente en los genes de la familia Jones. El padre de Duncan Jones, director de Moon era David Bowie (David R. Jones), un músico que a mí personalmente, me apasiona. Su hijo Duncan sorprendió a todo el mundo con una magnífica película de poco presupuesto. Aunque para ser justos, el éxito del metraje dependía del buen trabajo del protagonista, Sam Rockwell. Sin su buen oficio, nada hubiera resultado creíble.

Trabajar lejos y mucho para conseguir dinero

Sam Bell es un obrero. Trabaja en una mina en la Luna donde extrae un valioso mineral, fundamental para que la Tierra tenga energía limpia. Sam tiene un contrato de tres años. Durante esos tres años, está recluido en nuestro cercano y a la vez lejano satélite. Vive en las instalaciones de la corporación propietaria de las minas, solo. Está casi completamente aislado de sus seres queridos y de su hogar. Su objetivo vital es cumplir el contrato, para poder volver a casa y construir la vida que sueña junto a su esposa y su hija.

Muchos hombres han pasado por ese calvario: plataformas petrolíferas, instalaciones mineras en climas extremas como el ártico, alta mar… Es una manera más o menos rápida para conseguir labrarte un futuro, cuando en tu hogar a lo único que podías aspirar era a trabajos con salarios miserables. Por supuesto, no todo el mundo vale: condiciones extremas, soledad –aunque estés con más hombres como tú-, un trabajo muy duro... Y siempre está el temor a que, cuando vuelvas, las cosas ya no sean como las dejaste: ella ya no te quiera, tus hijos hayan crecido y no te reconozcan…

En cualquier caso, Sam está de enhorabuena. Los tres años están a punto de transcurrir. Le quedan sólo dos semanas. Además, las comunicaciones con su familia invitan a pensar  que todo va bien y que muy pronto podrá volver a abrazar a su mujer y a su hija.

La soledad en Moon

Moon nos mostrará brevemente la rutina cotidiana de Sam Bell. Su trabajo consiste en monitorizar unas excavadoras para evitar errores o problemas diversos. Periódicamente recoge el mineral de las máquinas y las trae en un vehículo lunar. Entonces lo envía mediante un cohete a la Tierra.

Durante el resto del tiempo, hace ejercicio, cuida de unas plantas, construye una maqueta y revisa las grabaciones enviadas por su familia. Esa rutina es la que permite que no pierda la cabeza en un entorno tan solitario. Y es que su única compañía es una inteligencia artificial llamada Gerty que se comunica, además de con la voz,  mediante emoticonos.

Hasta ese punto podría parecer que la película se centraría en la soledad claustrofóbica que sufre el protagonista. Desde luego esa sensación de aislamiento logra contagiarse al espectador con un escenario sobrio, pero muy realista. Una vez más, cuando se utilizan maquetas y no efectos digitales, éstas logran transmitir casi siempre, una sensación mucho más material, frágil y, por tanto, realista.

Mientras que la estación donde Sam vive parece sacada de la Nostromo de Alien el octavo pasajero, la presencia de Gerty resulta inquietante y sospechosa y rápidamente, nos recuerda a Hal 9000 de 2001: una odisea en el espacio. Como intuimos que algo va a salir mal, todas las sospechas se centran en Gerty y en una posible conspiración de la compañía minera.

¡Así nos fiamos de las grandes corporaciones!

Moon

Trabajadores desechables

Lo cierto es que el primer giro de la película se produce apenas pasadas media hora de visionado. No me gusta destripar argumentos, así que me limitaré a explicaros que Sam Bell comienza a sentirse mal y a tener visiones y que, en uno de los viajes rutinarios por la superficie lunar para recoger mineral, tiene un accidente en el que Gerty le da por muerto. Y es entonces cuando descubrimos que él es desechable y que la corporación siempre tiene preparado un sustituto.

Pienso que éste es el punto central de la película: somos desechables.

Y lo somos todos: robots, clones o trabajadores humanos. Día a día, lo vivimos en nuestras carnes. Antes quizás no era así, en la época de mis padres, cuando muchos trabajadores podían permanecer en el mismo puesto de trabajo durante 30 o 40 años. Ahora muy pocos tienen la suerte de disfrutar de tal estabilidad. Para la mayoría, los trabajos nos duran meses, años con suerte. Incluso algunos sólo días u horas. Como decía más arriba, somos desechables. En muchísimos casos da igual nuestros conocimientos o aptitudes. Tras nuestro paso por la empresa no seguirán otros tantos que tendrán los mismos o más conocimientos.

Nos hablarán de las necesidades de la producción, pero siempre se olvidarán de las necesidades de las personas.

Y realmente éste es el problema de Sam Bell. A la corporación minera le son indiferentes los pensamientos, la experiencia, los deseos del pobre Sam. A los tres años será reemplazado, y punto.

Por supuesto Moon es una metáfora y nos permite ahondar en muchas reflexiones sobre temas muy importantes. De hecho, a medida que la robótica, la inteligencia artificial, la bioingeniería y la genética sigan desarrollándose, cada vez nos encontraremos con numerosos problemas morales y éticos. En parte ya nos los podemos imaginar, aunque son temáticas muy presentes en la ciencia ficción. Desde Un mundo feliz, pasando por Gattaca, o Blade Runner.

La unidad hace la fuerza

Pero en contraposición, Moon tiene otra lectura: Unidos, podemos vencer a las corporaciones.

Muchas veces puede haber conflicto entre los trabajadores jóvenes, nuevos y los veteranos. Los veteranos tienen miedo a perder su trabajo, se notan más pesados, más rutinarios, han perdido empuje. Y muchas veces los jóvenes son arrogantes,  sabelotodo, tienen mucho empuje y piensan que se van a comer el mundo. Algunos tardan en darse cuenta que son “el último mono” y que la empresa se aprovecha de sus energías sin darle más que vanas promesas.

Pero si unimos la juventud inexperta, pero aguerrida y fuerte, con la veteranía, más débil físicamente, incluso puede que desgastada por la edad, pero con mucha más experiencia, mucho más sabia, podemos conseguirlo todo. Podemos descubrir lo que realmente está pasando en el mundo y podemos luchar para conquistar nuestros sueños. Podemos, incluso, derrotar a las corporaciones. Y en el camino, demostraremos que la generosidad y el sacrificio también forman parte de la naturaleza humana.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has visto Moon? ¿Qué te ha parecido?

Moon poster

Ficha de la película:

Moon

  • Director: Duncan Jones
  • Fecha de estreno: 2009
  • Productora: Sony
  • Premios (entre otros):
    • Mejor película, mejor diseño de producción y mejor guión en el Festival de Sitges del año 2009.
    • Mejor actor en el Festival de Sitges de 2009 a Sam Rockwell.
    • Premio Hugo a la mejor representación dramática de 2010.
    • Premio BAFTA 2010 para Mejor Debut de escritor, director o productor británico a Duncan Jones.

Un comentario en «Moon, corporaciones y mano de obra»

  1. A mi lo que me pasó fue que en algún momento entre el accidente y el encuentro, pensaba que era todo un flashback. Me dejó un tanto perdido, pero en el momento que se provoca el encuentro dije zas en toda la boca. Me encanta esta película. Gracias.

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