the Matrix

Matrix, ¿necesitamos un Elegido, o somos nosotros mismos?

Escribir sobre los grandes fenómenos de la ciencia ficción es muy complicado. Ya me sucedió con 2001, Blade Runner o con La guerra de las galaxias. ¿Qué cuentas de obras de las que ya prácticamente se ha escrito de todo? Y en esa categoría, hitos, fenómenos, entra, sin duda, Matrix de las hermanas Lana y Lilly Wachowski. Hay un antes y un después de Matrix. Por supuesto, hablo de la primera película de 1999. En un futuro ya escribiré sobre sus secuelas Reload y Revolution. El impacto que Matrix tuvo en toda una generación es inconmensurable. Desde todos los puntos de vista: estético, musical, filosófico… Hay un antes y un después.

He optado por ser fiel a la esencia de Thalassa. No voy a tratar de imitar o copiar otros artículos ya escritos sobre Matrix. Hay innumerables: sobre su filosofía, sobre sus influencias, su legado, analogías bíblicas, mensaje trans… He hecho el sano —y muy recomendable— ejercicio de volver a verla y tratar de transmitir en este espacio las sensaciones que me ha dejado y las reflexiones que me ha propiciado. Tantos años después de su estreno… y cuando suenan tambores de una cuarta parte de la franquicia. Recomiendo encarecidamente, tras volver a ver la película, volver a los Animatrix. Casi merecen más la pena que los arduos monólogos de El Arquitecto, en las secuelas.

¿Por qué estamos aquí?

Te explicaré por qué estás aquí: Estás porque sabes algo. Aunque lo que sabes no lo puedes explicar, pero lo percibes. Ha sido así durante toda tu vida. Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es, pero ahí está como una astilla clavada en tu mente.

Morfeo en Matrix

A estas alturas, describir el argumento de Matrix me parece superfluo: Programador en una importante compañía, el Sr. Anderson por las noches se revela como Neo, un hacker informático, un inadaptado, un disconforme, que anda tras las huellas del misterioso Morfeo, un peligroso terrorista.

Neo necesita encontrar a Morfeo. Como éste le revelará cuando por fin se encuentren, Neo sabe algo, pero no lo puede explicar. Lo percibe. Durante toda su vida, Neo se ha dado cuenta de que algo no funciona. Él no encaja en el mundo que le ha tocado vivir.

Pero fuera de la película hay muchas personas que no encajan/encajamos. El Neo del principio de Matrix es un arquetipo. Un hacker como representación de un inadaptado a la sociedad. Su vida oficial es una mentira que se ve obligado a interpretar. Su verdadera naturaleza es la oculta, la nocturna, la prohibida. Las propias hermanas Wachowski también eran «inadaptadas». No encajaban en lo que se considera lo normal, lo «natural», lo correcto.

Por cierto, no es ninguna tontería los que ven en Matrix y, en concreto, en el rol de Neo, una alegoría de la dura situación que las Wachowski atravesaban: mujeres atrapadas en cuerpos de hombres, hasta que por fin pudieron salir del armario.

No encajo

Y aunque no todos seamos transexuales… ¿No nos hemos sentido, al menos alguna vez en nuestra vida, como bichos raros, inadaptados, fuera de lugar…? Al menos yo sí. Sobre todo, tengo que señalarlo, en mi adolescencia. Y esa sensación de incomodidad, de no encajar, de irrealidad, de que podía jugar otro papel… me llevó a tomar determinadas decisiones. Un camino que en su momento pensaba que era rupturista, revolucionario… Aunque me llevara en lo personal a un callejón sin salida.

Ahora, con 40 años, con una vida más «tradicional», un trabajo asalariado, un horario, 33 días de vacaciones al año, facturas por pagar, deudas… en algunos momentos aún tengo la sensación de que el mundo es artificial, que incluso no es real, que no encajo y que puede que despierte en otra realidad…

Supongo que no todo el mundo habrá pasado por eso, porque, al menos por las apariencias, podría parecer que sí que hay gente que encaja perfectamente en la sociedad, que encajan en la vida que les ha tocado vivir. O, mayoritariamente, y más probablemente, que públicamente no se cuestionan si las cosas son como tendrían que ser. Asumen los hechos que les caen encima y, a lo sumo, sólo cuestionan la política tomando algo con los amigos en un bar. Cabreo e indignación, pero sin más trascendencia.

¿Qué es Matrix?

— Matrix nos rodea. Está por todas partes. […] Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.
— ¿Qué verdad?
— Que eres un esclavo, Neo. Igual que los demás naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni saborear, ni oler, ni tocar. Una prisión para tu mente.

Somos esclavos. Con esto no quiero decir que haya que tomarse las palabras de Morfeo al pie de la letra. Racionalmente yo no creo que vivamos en una simulación. Hay quienes piensan que sí, ya sea una simulación creada por máquinas, por otros humanos o por alienígenas. Matrix juega con el concepto de la realidad, qué es real y qué no lo es. Pero, al menos, en la primera película, sí queda claro qué es la simulación (Matrix) y qué es la realidad. Aunque sólo sea por la diferencia de tonalidad del metraje, verdoso o grisáceo.

Pero sí hay una prisión para nuestra mente. Nuestra particular Matrix. Esa prisión es la propia sociedad humana, «el sistema». Construida por la humanidad, la sociedad ha alcanzado una poderosa independencia de sus creadores. Hasta el punto de que ningún humano, de manera individual puede escapar vivo de ella, del peso de las tradiciones, de la cultura, los prejuicios… Aunque ese humano crea que puede, que puede alejarse de todo y vivir en una cueva apartada cultivando verduras con sus propias manos, no dejará de seguir siendo una pieza ya contemplada en la programación de ésta nuestra Matrix.

Esta prisión nos determina, nos condiciona, nos moldea. Modela nuestra forma de pensar, nuestras creencias, nuestras supersticiones, ilusiones y fantasías. Dependiendo de dónde y cuándo hayamos nacido, del país, del barrio, de la familia que nos ha tocado, seremos de una forma o de otra, nuestra personalidad, nuestro código de conducta, incluso estaremos predeterminados para seguir uno u otro camino… y un futuro más o menos determinado. Nuestra «libertad» mayoritariamente es una farsa, un espejismo. Las decisiones que creemos tomar libremente, están mayoritariamente programadas en nuestro cerebro para que las tomemos en ese sentido y no en otro.

escena de The Matrix

Cuestionando nuestro Matrix

Pero «el sistema» no es una máquina perfecta. No es un programa informático programado por una cuasi divina IA. Tiene sus fallos y sus contradicciones. Algunos como George Orwell en 1984, o el propio Arquitecto en las secuelas, señalarán que esos «fallos» son realmente fallos simulados. Existen, son alentados incluso, como válvulas de escape para que el sistema se purgue y siga funcionando… Sin embargo, la prueba de que esos fallos son más que válvulas de escape es que la sociedad no ha sido siempre la misma. Se han producido cambios, transformaciones. Y en nuestra sociedad esos fallos existen por doquier.

Ciertamente, algunos fallos pueden ser domesticados. El capitalismo, por ejemplo, tiene una facilidad bárbara para convertir símbolos de rebeldía en iconos pop inofensivos, que generan beneficios económicos y ayudan a que el engranaje del mercado siga girando. Pensemos en las camisetas del Che o la máscara de V de Vendetta, por poner dos ejemplos muy superficiales. Además, muchos de esos fallos son reconducidos: movimientos de protesta y rebelión que son recuperados, no sólo derrotados, sino integrados. Las movilizaciones a la muerte de Franco, por ejemplo, fueron reconducidas hacia la Transición y la monarquía juancarlista.

Pero, pese a todo el poder del sistema. Todas las herramientas que utiliza para mantenernos controlados: la tradición, el púlpito, la televisión, la escuela, la familia, las redes sociales, las modas, el alcohol y las demás drogas… los fallos se siguen dando. Y sí, la gente con inquietudes, inadaptados, marginados… pueden llegar a ser conscientes de la realidad de nuestro Matrix: Que somos esclavos. Sólo saberlo, conocer la verdad, nos da un enorme poder. El poder de rebelarnos.

Y de eso trata Matrix: conocernos a nosotros mismos

De eso trata Matrix, de rebelarnos. Dejarnos guiar por nuestro instinto y seguir al conejo blanco. Un camino muy difícil a través de elecciones complejas, unas acertadas, otras equivocadas. Un camino que, de recorrerlo, nos obligará a romper con lo «socialmente establecido», y a sufrir en ese trayecto todas las presiones del sistema. Pero es el precio a pagar para llegar… ¿A dónde? ¿nuestro destino? ¿la verdad? A conocernos a nosotros mismos. como decía el Oráculo de Delfos y repite el Oráculo de Matrix. Las Wachowski querían alcanzar su verdadera naturaleza, pero cada uno puede tener su propia respuesta. Pero la esencia es la misma: Somos esclavos, pero podemos rebelarnos y podemos luchar. Eso sí, hay que enfrentarse a nuestro miedo. Es el principal enemigo.

Recordemos que Matrix nace en un mundo en el que se suponía que las ideologías estaban muertas. Los años 90 se alzaron sobre el colapso de la URSS y el supuesto «fin de la historia». Una década de especulación, cinismo, euforia financiera, dinero fácil… pero también de larvada y creciente insatisfacción. Una insatisfacción que parecía difícil de explicar en los países occidentales: «Lo tienes todo, de qué te puedes quejar. Lee un libro de autoayuda y supera tus traumas. ¡Esa es la clave del éxito!» Un mundo muy superficial, hipócrita, en el que, al menos, aún no existían las redes sociales.

Matrix está enfocada para que el espectador sea Neo. Personifiquemos en el protagonista nuestras insatisfacciones, los fallos del sistema que nos hacen cuestionarnos nuestra vida. Nos sintamos especiales por hacerlo. «Elegidos». Y tratemos de descubrir la verdad: el motivo de nuestra insatisfacción. Una vez descubierta nuestra verdadera naturaleza, luchemos para conquistarla, enfrentándonos al miedo y a la presión del sistema. Conozcámonos a nosotros mismos, seamos nuestro propio superhéroe, hasta el punto de que podamos volar, la histórica alegoría de la libertad.

Rebelarnos contra el sistema

Las Wachowski no plantean que formemos un grupo armado cuyo objetivo sea destruir el sistema. Es una metáfora de la lucha individual que tenemos que afrontar nosotros mismos para liberarnos. Pero está claro que el origen de todas esas insatisfacciones, de todo el desencanto, frustración e injusticia que nos rodea es, efectivamente, la sociedad, el sistema. Alcanzar la libertad cuando estamos completamente determinados por la sociedad es, cuanto menos, complicado.

¿Puede un individuo humano derrotar al sistema? ¿Destruir, transformar la sociedad? Un individuo aislado no. Desde luego. Pero un movimiento, un movimiento masivo, con las ideas muy claras, pueden sacudir la sociedad hasta los mismísimos cimientos. Hasta ahora ningún movimiento ha «destruido» el sistema, pero sí lo ha transformado o lo ha obligado a adaptarse y a cambiar.

Ya ha pasado en la historia: Las revueltas de esclavos en la Antigüedad, el cristianismo primitivo, el primer islam, las herejías medievales, la reforma protestante, las revoluciones burguesas como la francesa, u obreras como la rusa, las movilizaciones masivas como la lucha de los derechos civiles, las movilizaciones feministas o de los colectivos gays… Todos estos acontecimientos han tenido un impacto y todos, unos victoriosos, otros, la mayoría, derrotados o desencarrilados, han dejado su impronta, su huella, y han contribuido a que la sociedad cambie. Aunque, ciertamente, la presencia de líderes, Mesías o Elegidos parece bastante común cuando la humanidad se rebela contra el sistema, no siempre es así.

¿Necesitamos un Elegido?

Neo es el Elegido para que nosotros nos sintamos como que nosotros podemos ser los «Elegidos», y porque Matrix se nutre de la tradición judeocristiana para presentar la batalla entre humanidad y máquinas con proporciones bíblicas. ¡No sería para menos! Así todo el relato está lleno de este tipo de referencias.

Alejandro Magno o Napoleón; Jesucristo y Mahoma; Galileo y Newton; Cervantes o Shakespeare; Darwin y Pasteur; Marx o Lenin; Stalin y Hitler; Einstein o Planck… Son individuos que, para bien o para mal, han jugado un papel esencial en los cambios en la sociedad. ¿Pero necesitamos de éstos individuos para que la humanidad avance? ¿Necesitamos Elegidos? Desde luego en parte sí. La genialidad es imprescindible. No todos somos Einsteins o Napoleones.

Pero como decía Newton, ­­« Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes». Napoleón no hubiera sido nadie sin la Revolución francesa. Un acontecimiento político incuestionable que no tiene un único protagonista. De hecho, lo protagonizan las masas de París. Lo mismo se puede decir de Lenin. No hubiera sido nadie sin los trabajadores rusos. Einstein, sin los trabajos científicos anteriores o Cervantes, sin Amadis de Gaula o Tirant Lo Blanc.

Porque ¡atención! incluso con los «Elegidos» aparentemente más indiscutibles, más místicos y religiosos, hay que tener cuidado. Jesucristo, Mahoma o Buda, por poner los tres ejemplos más característicos. Hay que tener cuidado. Del Jesús histórico, si realmente existió, a lo que luego se ha escrito sobre él hay un abismo. Es un Elegido construido a posteriori en base a deseos, anhelos, necesidades, leyendas y sólo una pizca de realidad histórica. Una figura necesaria para justificar un movimiento de masas dispuesto a socavar el poder de los Césares romanos. Jesucristo, sin esos centenares de miles de oprimidos judíos, griegos y sirios que dieron fuerza real al cristianismo, ni siquiera hubiera llegado a existir.

Dispuestos a defender Matrix

Matrix es un Sistema, Neo. Ese Sistema es nuestro enemigo. Pero cuando entras, ¿qué ves a tu alrededor? hombres de negocios, profesores, abogados, carpinteros… Son las mentes de los mismos que intentamos salvar. Pero hasta que no lo hagamos siguen formando parte de ese Sistema y eso hace que sean nuestros enemigos. Tienes que entender que la mayoría de ellos no están preparados para ser desactivados y muchos están tan habituados, dependen tanto del Sistema, que lucharían para protegerlo.

Morfeo en Matrix

Éste monólogo de Morfeo es uno de las grandes contradicciones de todo grupo autoproclamado revolucionario, cuya intención es derrocar el Sistema. Transformar la sociedad. Si buscamos liberar a toda la humanidad de sus cadenas… ¿qué sucede con los que se han estado beneficiando del actual estado de cosas? ¿y de los que por ignorancia, necesidad o profesión lo defenderán? No quería terminar sin mencionar este punto.

«Si no estás con nosotros, eres uno de ellos», le espeta Morfeo a Neo. Aunque unas palabras muy parecidas, George Lucas pone en boca de Anakin, ya siendo Darth Vader, en La venganza de los Sith, parafraseando a George Bush y a todos los extremistas. Curiosamente, poco después de esa escena de Morfeo y Neo, Cifra se rebela como un Judas, demostrando que incluso uno de nosotros puede ser uno de ellos.

Las transformaciones, los cambios, no son nunca pacíficos. Nunca lo han sido. Nunca lo serán. Cualquier movimiento siempre se tiene que enfrentar a una inercia. Ya lo explicó también Newton. Y en los cambios y transformaciones sociales, las inercias son muy poderosas. Y esas inercias defenderán sus privilegios, y ellos sí que no tendrán problema en usar la violencia, reclutando mercenarios, mintiendo, haciendo demagogia, usando todo su poder represivo, adoctrinador, el miedo, la rutina, el soborno…

Cambios, cambios

Pero seamos optimistas, porque la mayoría de los cambios parecen inevitables. Parece que unos son cambios más profundos, otros menos. Algunos son cambios graduales, poco a poco… pero otros, normalmente los más profundos, son bruscos, repentinos, son revoluciones. Los humanos que nacen en esa misma sociedad, esclavos de la misma, contribuyen a esos cambios. A veces de manera inconsciente, porque la marea lleva hacia esos cambios. Pero también de manera consciente, organizada… siempre en colaboración con otros humanos.

Así que sí, los cambios se dan. Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, los cambios fueron lentos, lentísimos. Pero desde hace un par de siglos esos cambios son rápidos, incluso más rápidos que la duración de la generación que los vive. Y todo se acelera.

¿Y tú que opinas de todo esto? ¿Has visto Matrix? ¿Qué te pareció?


cubierta de Matrix
carátula de Matrix

Ficha de la película:

The Matrix

  • Directoras y guionistas: Lilly Wachowski
  • Lana Wachowski
  • Estreno: 31 de marzo de 1999.
  • Productoras: Village Roadshow Pictures, Warner Bros. y Silver Pictures
  • Premios:
    • 4 Oscars: Mejor montaje, Mejor sonido, Mejor edición de sonido y Mejores efectos visuales.
    • Mejor sonido y Mejores efectos visuales en los premios Bafta.
    • Mejor director en los Saturn.

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2 comentarios en «Matrix, ¿necesitamos un Elegido, o somos nosotros mismos?»

  1. Buena película, y buen análisis al comparar Matrix con el sistema social, aunque disiento con el argumento de la película: las maquinas nos hacen soñar una ilusión tan brutal como la vida. Para alimentarse de nuestra bioenergia. (Aunque una maquina verdaderamente inteligente y malévola nos hubiera borrado del mapa para alimentarse de otras formas de energía más eficientes) ¿Por que? No sería más lógico que nos mantuvieran soñando con una ilusión más positiva y evitar rebeldes casuales. Por ejemplo en los Borg de Star Trek, también vivían en una ilusión virtual, pero diseñada para mantenerlos contentos mientras ejecutaban las operaciones para mantener la colectiva funcionando como una colmena y conformando un sistema altamente ordenado inconmensurablemente más eficiente que la federación. La realidad es muy dura para decir que vivimos dentro de una Matrix, y serán las maquinas las que nos liberen en un espacio virtual más confortable a la medida de cada quién. Es decir la revolución Matrix es a la inversa. Repito muy buen artículo y me gusta mucho el blog.

  2. Buen análisis ,con la realidad de las maquinas aunque con todo por lo que se para bien o para mal los humanos necesitamos sociedades y una civilización como con todo lo que eso conlleva , nadie podría vivir bien en un mundo sin eso . Un mundo sin civilización alguna seria un fracaso

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