La Guerra de las Salamandras de Enrique Corominas

La guerra de las salamandras, o la estupidez humana

Una crítica mordaz, al borde del holocausto

La semana pasada viaje a Praga, esa magnífica, hermosa y mágica ciudad. Allí, inevitablemente, recordé a una de sus principales figuras literarias, Karel Čapek. Y también  su libro La guerra de las salamandras, una de sus mejores novelas. Agradezco a mi cuñado que hace unos años me lo regalara, porque es un gran libro.

Čapek es recordado por ser el padre del término robot en su obra de teatro R.U.R. (Robots Universales Rossum). Realmente fue su hermano el que le dio la idea de usar ese término de origen eslavo. Y era para referirse a androides orgánicos y no mecánicos.

Pero, además Čapek fue un gran literato, aspirante al premio Nobel y vetado al mismo por su abierto enfrentamiento con los nazis. Sí. La academia sueca de los premios Nobel estaba controlada por simpatizantes del nazismo que no querían saber nada del autor checo. Y es que en la obra de Čapek siempre estaba muy presente una crítica mordaz a la sociedad. La guerra de las salamandras, tal vez su mejor obra, es un claro ejemplo al respecto.

Hacia la guerra de las salamandras

Un marinero checo, el Capitán J. van Torch, se dedica a la recolección y comercio de perlas. Sin embargo, necesita con urgencia aumentar su producción. Para ello decide indagar en la bahía de una isla del Pacífico donde piensa que puede haber muchas perlas, pero no están siendo explotadas. Los nativos rehuyen esa bahía. Muy asustados, afirman que allí habitan unos demonios. Van Torch no cree en demonios y visita la bahía. Efectivamente hay numerosas perlas, pero también descubre una especie desconocida de salamandras gigantes y bípedas, descendientes de la extinta Andrias scheuchzeri.

Estas salamandras, que denotarán una creciente inteligencia, ayudarán a Van Torch a conseguir las perlas. A cambio, el marino les entregará armas para defenderse de los tiburones que infectan esas aguas y que se alimentan de los desdichados anfibios.

A partir de ese momento, se iniciará una relación creciente entre salamandras y humanos. Al principio sólo por las perlas, pero pronto, las salamandras serán utilizadas como mano de obra muy barata en una nueva era de expansión de la humanidad. En ese camino, las salamandras irán desarrollándose y expandiéndose, haciéndose conscientes de su propio papel y de la fuerza que están adquiriendo.

obra de teatro
obra de teatro de La guerra de las salamandras

Explotación y racismo

Los humanos utilizan a las salamandras, durante buena parte del libro, como herramientas, mano de obra que se puede explotar y reemplazar a cambio de miseria y basura. Experimentan con ellas, comprobando hasta que extremos pueden soportar. Y, pese a que cada vez demuestran más y más inteligencia, las consideran un ser inferior, infrahumano, sin alma, prescindible.

Podría pensarse que esta conducta responde a que las salamandras son animales. Pero de la misma manera ha tratado el hombre blanco europeo a otros seres humanos en buena parte del planeta. A los esclavos, a las poblaciones indígenas, a todas las tribus y pueblos que no tenían la piel blanca y la cultura europea... En la historia nos encontraremos numerosos ejemplos de brutalidad y explotación, acusando a esos pueblos de "infrahumanos".

De hecho, el racismo, hasta el día de hoy, se ha cubierto siempre de teorías "pseudocientíficas". Sesudos hombres de "ciencia" no han tenido vergüenza en "justificar" la inferioridad de determinados pueblos con respecto a los europeos. Nativos americanos, afroamericanos, los pueblos "no arios", judíos, gitanos, africanos, asiáticos...

Paternalismo

Pero también nos podemos encontrar con ejemplos de esa cínica y soberbia superioridad victoriana, revestida de caridad paternalista. Detrás de muchas afirmaciones filantrópicas, realmente hay un desprecio hacia la cultura propia de esos pueblos oprimidos. Con eso no quiero decir que muchas iniciativas destinadas a "civilizar" a los "incivilizados" no estuvieran motivadas por sentimientos sinceros. Pero muchas veces, "civilizar" ha significado aniquilación y destrucción de culturas que tenían todo el derecho a seguir su propio desarrollo.

Una forma de neopaternalismo nos lo encontraremos en el libro en el movimiento comunista. En uno de los pasajes más hilarantes del libro, los comunistas tratan de reclutar para su causa a las salamandras, reconociendo que están oprimidas y que son explotadas por los capitalistas humanos. Ciertamente era así. Ese pasaje podría tener hoy en día una lectura muy actual: La incapacidad, por parte de la izquierda política y sindical, de agrupar bajo su bandera a los más pobres, a los más oprimidos de la sociedad, dejándolos muchas veces en manos de populismos reaccionarios.

Alterando el ecosistema

Recordemos que Van Torch, al ofrecer armas a las salamandras para que se defiendan de los tiburones, estaba alterando, involuntariamente, la cadena trófica. Los tiburones controlaban la promiscua natalidad de las salamandras. Ahora, con esas armas, y sobre todo, con su expansión por todos los océanos, alimentada, impulsada por los humanos para poder utilizarlas como mano de obra, la salamandra son millones y está cada vez más hacinada. ¿Cómo los humanos hoy en día?

En los años 30, cuando se escribió el libro, se hablaba y se teorizaba sobre gigantescos planes de transformación del planeta. Por ejemplo el proyecto Atlantropa, que pretendía crear un dique en el estrecho de Gibraltar para generar electricidad y liberar tierra de cultivo. El desastre, de haberlo construido, hubiera sido colosal. Con las salamandras, la humanidad se lanza a semejantes proyectos, transformando por completo la faz de la Tierra.

Los hombres intervenimos en la Naturaleza, la manipulamos. Provocamos que algunas especies -demasiadas- se extingan. Permitimos que aparezcan especies invasoras, cuando no somos nosotros mismos los que las fomentamos. Aunque muchas veces nuestras intenciones eran positivas, los resultados muchas veces son catastróficos. La desecación del mar Aral o del Chad son buenas pruebas de ello. O las funestas consecuencias ambientales de la presa de Nasser en Egipto. También en Europa y España hay demasiados ejemplos de desastres medioambientales.

El ascenso del nazismo salamandril

Pero sin duda, si algo preocupaba a Čapek en sus obras, era el ascenso del nazismo en la vecina Alemania. La analogía entre las salamandras y los nazis se hace evidente en la parte final del libro. No obstante, con matices.

Evidentemente Čapek entiende que las condiciones humillantes que supuso para el pueblo alemán el final de la Primera guerra mundial eran caldo de cultivo para futuros problemas. La propia minoría alemana en Checoslovaquia, anteriormente opresora en una tierra dominada por el Imperio austriaco, era ahora oprimida por los checos independientes. Opresores se convierten en oprimidos y viceversa. El nacionalismo siempre ha devorado Europa. Así que, cuando las salamandras exigían "espacio vital", no hacían otra cosa que repetir lo que todas las naciones "civilizadas" también exigían.

Quizás como profecía de lo que sucedería en Checoslovaquia poco antes de la muerte del propio Čapek, sería el intento de "apaciguar" a las salamandras. Así, las grandes potencias les entregan China para que destruyan el continente y puedan seguir multiplicándose en un nuevo océano. De la misma manera, Francia y Reino Unido sacrificarían Checoslovaquia para tratar de apaciguar a Hitler. Como sucederá con las salamandras, sólo lograrán aplazar una guerra inevitable.

La culpa es de los humanos

Así, como hemos podido ver, los responsables de la guerra de las salamandras no son sólo las salamandras. Es la estupidez humana: La opresión, la ambición, la pobreza, el nacionalismo, la destrucción del medio ambiente...

Las salamandras, a lo largo del libro, se habrán convertido en seres tan humanos como los cerdos de Rebelión en la granja.  Así que, cuando los propios Homo sapiens ya no sean rivales para ellas, no tendrán otra cosa que hacer que dividirse en distintas facciones y Estados salamandriles y guerrear entre sí. Hasta la destrucción. Movidas por sentimientos tan "humanos" como el egoísmo, la ambición, el robo... Ciertamente, motores de la historia humana.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has leído La guerra de las salamandras? ¿Qué te ha parecido?

Ficha del libro:

La guerra de las salamandras

  • Autor: Karel Čapek
  • Título original: Válka s mloky
  • Fecha de publicación: 1936
  • En España: Gigamesh, ISBN 9788416035823

5 comentarios en «La guerra de las salamandras, o la estupidez humana»

  1. Chica o chico déjame decirte que haces buen trabajo hace tiempo que escuche a alguien decir algo de muchas de las obras que hablas acá , pero solo bájale algo a tu discurso político a tus notas por que son todo tu eje y este es un concejo deberías mantener tus opiniones políticas muy lejos por que nadie piensa igual a veces parecen mas propagandas que un análisis serio y real

    1. Gracias por tu comentario Darío,
      Por supuesto doy por hecho que no todo el mundo piensa como yo. Pero el objetivo de Thalassa, blog de ciencia ficción, no es solo hacer reseñas «objetivas» —ya hay cientos de webs así—, sino reflexionar y aportar opinión. Y claro, aportar mis reflexiones y mis opiniones. Siempre puedes aprovechar los comentarios para rebatir mis opiniones, o para dialogar conmigo. O llegado el caso, también puedes dejar el blog. ¡Nadie está obligado a leerlo!

      1. Chico gracias por responderme y hablar conmigo no quise insultar tu trabajo ni mucho asi, no pretendo ser un detractor o censurar tus notas, dios eso es lo ultimo que quiero !!!!
        Ademas de esto chico no te ofendas , pero como consejo de alguien que vivió un verdadero régimen socialista en Venezuela te lo digo usa tus opiniones políticas pero no como eje principal, tu tienes mucho talento ….

  2. En cierto modo, pensé que los eventos eran una predicción realista de lo que podría suceder en esta situación en el mundo real aunque mas exagerado . Algunas partes de la sociedad eran más culpables que otras, pero en última instancia, parecía que no había nadie realmente «dirigiendo el barco», solo una serie de decisiones independientes e interesadas y tendencias sociales y económicas predecibles que conducen a la humanidad hacia un desastre inevitable.

    Al principio los tritones son inteligentes, y los entrena para capturar perlas . Eventualmente, se forma una compañía que envía a los tritones a todas partes del mundo para el trabajo esclavo. Debido a su inteligencia casi igual a la de los humanos y el entrenamiento y los suministros que les dio el hombre, los tritones se extendieron por todo el mundo obtienen hasta 70 mil millones y eventualmente alcanzan una posición en la que pueden desafiar a la humanidad por la supremacía del mundo.

    Haces buenos analisis,aunque el paralelismo entre la competencia europea por las colonias en el siglo XIX que siguió a las guerras mundiales en el siglo XX es inconfundible, la Guerra de los Tritones tiene un mensaje que se distingue del contexto histórico específico que lo inspiró el poder

    1. Gracias por tu comentario María

      Y sí, el paralelismo con el imperialismo colonial previo a la I Guerra Mundial es evidente, por ejemplo, con el dominio del rey Leopoldo de Bélgica sobre el Congo que ocasionó un verdadero genocidio. Es un ejemplo atroz, pero ni mucho menos el único que propiciaron los «civilizados» europeos.

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