Dune de Villeneuve

Por fin llegó el momento tan deseado para los amantes de Dune. Se estrenó la primera parte de la bilogía Dune de Denis Villeneuve. Primera parte del libro de Frank Herbert y tercera adaptación de esta magna obra de ciencia ficción (tras la película de David Lynch de 1984 y la miniserie de John Harrison de 2000). Lo primero a destacar es que Villeneuve ha sido muy valiente por atreverse con un proyecto tan complejo. Ya demostró haciendo la secuela de Blade Runner, Blade Runner 2049, que es un director ambicioso y que no le tiembla el pulso. Además, sabemos que es un amante de la obra original y que éste era su proyecto personal, hasta el punto de que se embarcó en obras como La llegada o la ya mencionada Blade Runner 2049 precisamente como escuela de aprendizaje a la hora de rodar Dune. ¡Bravo por él!

Y es que Dune es un proyecto complicado. Cualquiera que haya leído la novela sabe que es una trama muy compleja. Muchos personajes. Muchas intrigas y facciones. Muchas «fintas dentro de las fintas, dentro de las fintas«. David Lynch lo intentó. Pero el resultado, aunque tiene un magnetismo que la convierte en una película especial, chocó con serias limitaciones técnicas, problemas con la productora, tijeretazos y corta-pega. La mini serie del 2000 es, con todo, la obra más fiel al libro, pero su bajísimo presupuesto y cierta mediocridad televisiva la condenó a ser un producto de serie B.

El reto de Dune de Villeneuve

Villeneuve no lo tenía fácil. Las quejas del director sobre Marvel, desde un punto de vista artístico pueden tener cierta justificación. Pero nadie puede negar que son películas que garantizan unos ingresos suficientes en taquilla. Y en el cine capitalista eso lo que manda. Dune llega justo en un momento crítico para el séptimo arte, una crisis que viene arrastrándose desde hace tiempo y que ya condenó en el pasado a los tradicionales cines de barrio. Ahora sólo quedan los multicines de los centros comerciales. La pandemia y el streaming han añadido aún más sal a la herida y el futuro es bastante incierto.

La propia secuela de Dune dependerá del resultado de la primera parte en taquilla. Esta incertidumbre es lo que explica la agresiva campaña de marketing emprendida. Incluyendo aquí esas declaraciones sobre Marvel antes comentadas o las absurdas comparaciones con Guardianes de la Galaxia o Star Wars —luego volveremos a este punto—.

Pero es que de por si trasladar una obra literaria a cine es complejo. Cada medio tiene su lenguaje, sus puntos fuertes y sus puntos más débiles. Además, una adaptación de Dune corre el riesgo de defraudar a su abundante fandom… Así que Villeneuve tenía que crear un producto capaz de atraer a suficientes espectadores que no han leído la novela original, espectadores del 2021, para que fuera un éxito en taquilla, sin defraudar a los lectores de Herbert.

Eso si que son fintas dentro de las fintas.

Puntos a favor y en contra

Nada más salir del cine elaboré en twitter un listado con los puntos que más me habían llamado la atención de la película. Tanto puntos favorables, como negativos. Anticipo que el balance global es positivo, aunque creo que tampoco sería del todo justo caracterizar la película como una obra redonda. Como ya señalé, Villeneuve es valiente. Se nota que adora Dune y ha hecho un gran trabajo. Sin embargo, aunque, al menos yo, me impresioné por momentos y disfruté durante su visionado, notaba que faltaba algo, que no era una película redonda, perfecta. No salí de la sala hinchado de satisfacción. Y no fue por tener expectativas muy altas. Traté por todos los medios de no dejarme ilusionar en exceso por la avalancha de loas que salieron de Venecia.

Después del estreno en general las críticas que he visto han sido muy positivas. Soy optimista con respecto a la taquilla y la realización de la segunda parte. En general tanto los fans de los libros como los neófitos están contentos. Los comentarios críticos más recurrentes han sido sobre su duración excesiva y una cierta frialdad.

Por supuesto, Dune de Villeneuve tiene una técnica cinematográfica impecable. Como no podía ser de otra manera con alguien como nuestro amigo Denis al frente, la fotografía, los colores, la música (del genial Zimmer), la caracterización de los personajes, la ambientación y los escenarios —el gusano nadando en la arena como si fuera un océano, por ejemplo, ¡Espectacular!— o las naves —los geniales ornitópteros—, los detalles, murales, planos… es todo sublime. La película es 100% Villeneuve. Su estilo, ritmo y sello personal están presentes en todas y cada una de las escenas y eso le honra porque no se ha traicionado a sí mismo. Y, por cierto, aunque hay evidencias de influencias de la estética creada por Lynch —uniformes austro-húngaros incluidos—, está claro que Villeneuve se sumerge de lleno en el libro del que ya hemos señalado que es un reconocido fan.

Yo, primeramente voy a comentar algunos puntos sobre todo relacionados con el «reto» más arriba comentados, la dicotomía entre ser un blockbuster o una película de culto, para luego profundizar en algunos aspectos esenciales de la novela original.

Blockbuster o cine de culto

  1. Comprensible para el neófito. A mi mujer, que no ha leído los libros, ni visto la película de Lynch y que no tenía ninguna referencia sobre el argumento de la obra, en general le gustó. Le pareció, eso sí, excesivamente larga, aunque entendió bastante bien el hilo argumental. ¡Y esto no es baladí! Entre tantos términos nuevos, facciones, personajes distintos, Villeneuve corría el riesgo de hacer una película incomprensible para el neófito. En parte Lynch tuvo ese problema.
  2. Cómo sacar petróleo de la acción. La novela de Dune no se caracteriza por ser una obra de acción. La trama transcurre lentamente, entre diálogos, conspiraciones y reflexiones místicas y filosóficas. Villeneuve comprendió en seguida que para atraer al gran público tenía que exprimir al máximo la poca acción presente, combinándola con escenas grandiosas capaces de sorprender al espectador. Eso sí, que nadie se espere un ápice de sangre y violencia, y menos violencia gratuita, por muy animales que sean los Harkonnen. Todo es muy «para todos los públicos».
  3. Minimizar fintas, conspiraciones y filosofía. Y como el tiempo es limitado, y el público actual está bastante mal educado en cuanto al ritmo de una película, si se potenciaba la acción, había que minimizar lo que no era «palomitero». Se necesitaba una película más lisa, más digerible, más sencilla que la novela. Más adelante hablaré de dos de los grandes mensajes de Dune: el imperialismo y la ecología, pero la conspiración, abrumar al espectador con información y la filosofía de Herbert sobraban en la versión de Villeneuve. Y el misticismo, también esencial para Herbert, está limado, aunque no se han abandonado del todo las visiones oníricas de Paul, que, obviamente son imprescindibles. ¿Pero, hasta cierto punto recortar en estos aspectos no significa atentar contra el espíritu de la novela? Luego entraremos más en este punto.
  4. Unos personajes ganan, otros pierden. Por la misma razón, al final el director se centra en menos personajes. Por supuesto Paul, cuya caracterización e interpretación por Timothée Chalamet​ pienso que es impecable, pero con el peligro de difuminar bastante a otros personajes centrales. Así, unos ganan y otros pierden, incluso si los comparamos con la obra de Lynch. Duncan y Jessica ganan. El duque Leto, por muy grande que sea Óscar Isaac, pierde, así como Yueh. Kynes gana. Pierden sobre todo los mentats (tanto Thuffir como Piter de Vries). También, como ya mencioné en un punto anterior, la barbarie Harkonnen es muy, muy, muy sutil, con un barón oscuro y contenido que recuerda a Marlon Brando en Apocalispsis Now acariciándose la calva—, pero sin demostrarnos su verdadera brutalidad. Y las Bene Gesserit, aunque su caracterización sea muy interesante y en cierta forma siempre estén presentes, ceden bastante protagonismo.
  5. Descompensación en los actos. Si se da más peso a la acción y menos a las conspiraciones, inevitablemente los diferentes actos se descompensan. A mi personalmente la última media hora me pareció alargada. Y sin embargo, la estancia de los Atreides en Arrakeen pienso que fue demasiado superficial y deja a los Atreides como unos necios indefensos ante la ofensiva Harkonnen.
  6. Menos contexto y mitología. Inevitablemente, al querer reducir la complejidad, o intentamos explicarlo casi todo en un macro-monólogo introductorio como el relatado por Irulane en la Dune de Lynch, con el riesgo de empachar de información al espectador, o nos perderemos gran parte del contexto y la mitología de este universo. Nada de CHOAM, Jihad Butleriana, mutaciones de los navegantes, condicionamiento Suk, etc.
  7. Sin pensamientos. Y en la misma línea tenemos la supresión de los pensamientos de los personajes, recreados en parte por Lynch como polémicas voces en off y suprimidos totalmente por el director canadiense. Es verdad que en la novela son imprescindibles, aportando profundidad a los personajes y explicaciones importantes, pero con todo, en la Dune de Villeneuve la interpretación de los actores y los pequeños gestos los suplen bastante bien.

El cambio de Kynes

Visto lo visto en otras producciones, temía que el cambio de género de Liet-Kynes causaría polémica y que el fandom machista pondría el grito en el cielo. Parece que no ha sido así, cuando, en este caso podría alegarse que hay una contradicción en el cambio, y es que la sociedad fremen en la novela es manifiestamente machista. No creo que Herbert lo fuera. El escritor era producto de su época y trató de desarrollar personajes femeninos interesantes, por ejemplo lady Jessica. Pero Dune refleja por un lado un Imperio despótico y feudal (y machista) y por otro, una metáfora de las tribus árabes, los fremen, con tradiciones muy patriarcales.

Así en el Imperio las mujeres están reducidas a ser concubinas, consortes o brujas. Y entre los fremen, por ejemplo, aunque hay guerreras, la mujer de un guerrero derrotado pasa a ser propiedad del victorioso. El cambio de género de Kynes, aunque es el único (también se ven algunas mujeres soldado entre los Atreides), lo trastoca todo, por quién es realmente la planetóloga imperial entre los fremen. ¿Cómo afectará ese cambio en las siguientes partes? Espero que lo podamos ver.

En todo caso, por el momento contar con una Kynes mujer no ha desdibujado el resultado, ni le ha restado credibilidad, todo lo contrario. Parece un cambio positivo, aunque inevitablemente la Dune de Villeneuve sigue siendo la adaptación de una novela de los años 60. Quizá nos espera una sorpresa para la segunda parte y los fremen de Villeneuve no son una sociedad machista, reservando ese papel sólo al despótico Imperio feudal. Lo que sí que no podrá modificar es que Paul sea un Mesías extranjero y los Atreides los colonizadores «buenos».

No son las únicas «actualizaciones» introducidas en esta versión. También hay más presencia étnica, con actores negros y asiáticos perfectamente integrados en la trama, algo que, desde luego, era inexistente en las adaptaciones anteriores. Es otro punto que tampoco desencaja.

A la Jihad

Y un detalle que no es tal y puede que sea, desde mi punto de vista, más cuestionable. Cuando Paul sueña con su futuro, mientras que en la novela, siguiendo la terminología árabe, se llama Jihad, al menos en la versión doblada al castellano se ha llamado Cruzada. Y creo que es un cambio que tiene una vertiente política por todo lo que ha llovido en las últimas décadas. ¿Se podía tolerar la más mínima identificación de Paul y los fremen con el integrismo islámico?

El antiimperialismo y la liberación nacional es una consigna clara de la Dune de Herbert, aunque pase por poner en manos de un Mesías el destino de un pueblo oprimido. El propio Villeneuve, en una entrevista publicada en Fotogramas confirma que él pretendía mantener ese enfoque:

Seguimos sufriendo un voraz y destructivo capitalismo. Grandes corporaciones, como el Imperio galáctico en el planeta Arrakis de Dune, expolian los recursos naturales de pequeñas naciones. El medioambiente sufre cada vez más; vamos camino de una desertificación y un caos climático. Y, sí, si las secuencias de guerra en parajes desérticos del lm recuerdan a las reales que se han vivido y se viven hoy mismo en Afganistán o en Irak es porque he pretendido que así sea. 

Denis Villeneuve en Fotogramas

Y claro, cuando los talibanes acaban de reconquistar Kabul y aún está coleando la guerra en Siria y el Estado islámico, levantar la bandera de la liberación del mundo árabe frente al dominio imperialista no es tan fácil ni cómodo como podía serlo en otras épocas. Sin embargo, el propio Herbert daba con la clave: La opresión imperialista es la munición que utiliza el integrismo. Paul puede convertirse en un Mesías y dirigir una Jihad sólo a partir de las barbaridades cometidas por los Harkonnen y el Imperio sobre los fremen. Exactamente lo que ha pasado en los países musulmanes.

Duncan con los fremen en Dune de Villeneuve
Duncan con los fremen

Especie y arena…

En la misma entrevista Villeneuve explica por qué su versión de Dune pasa de puntillas sobre los efectos de la especie y su uso. Para él, el uso de drogas para expandir la mente tal y como lo describe Herbert está pasado de moda. Así la especie queda reducida a un recurso muy valioso, explotado salvajemente por el Imperio y del que los fremen no obtienen ningún beneficio. Muy lejos, por ejemplo, de su constante omnipresencia en la Dune de Lynch, más amigo que Villeneuve del mundo onírico y místico. Supongo que en la segunda parte sí se explorará más su papel e importancia.

Por contra, quien gana protagonismo es el agua, incluso sobre la arena. Efectivamente, pese a los grandiosos escenarios, pese al simpático ratoncillo muad’dib, en la Dune de Villeneuve la arena está, pero no reina. Reconozco que este hecho me desconcertó y me despistó porque me esperaba que especie y arena serían las indudables protagonistas de la película como el Anillo Único en La Comunidad del Anillo.

… y agua

En cambio, es el agua el actor que en esta versión debía ser fundamental. El contraste entre Caladan con Arrakis es intencionado. Los Atreides eran realmente ricos en su planeta natal con tanta abundancia de agua, en la lluvia, en el mar… pero no eran conscientes de su riqueza. En cambio en Arrakis el agua tiene tanta importancia que el mayor gesto de respeto es escupir. Genial escena, por cierto, en la que fremen y Atreides se retratan con escupitajos! ¡Cómo algo así puede definir nuestra personalidad!

Villeneuve trata de poner la lupa precisamente en esta relación del agua, enfatizando que ha sido la extracción de la especie lo que ha impedido que Arrakis hubiera podido convertirse en un vergel. El máximo sueño y aspiración de Kynes y los fremen.

Como más arriba apunta el director, en un mundo como el nuestro, amenazado por el cambio climático y la desertización, el valor del agua como fuente de vida ganará enteros. Más que la especie, la riqueza está en el agua. Más que en lo que hoy nos hace ricos (el petróleo en nuestra sociedad), la verdadera riqueza está en los recursos sin los cuales no podríamos sobrevivir. Este enfoque, más moderno y de rabiosa actualidad es un claro acierto de la película, aunque temo que pueda pasar algo desapercibido. ¿Llegará un punto en que para sobrevivir tengamos que reciclar nuestros fluidos y beber saliva, orina y sudor?

¿Un futuro feudal?

He leído en redes sociales una polémica que me ha resultado interesante a cuenta de Dune de Villeneuve, aunque realmente es una crítica a la novela de Herbert. ¿Puede la futura humanidad involucionar a un régimen feudal patriarcal machista donde se luche con espadas? Seguramente Herbert no se hizo esta pregunta. Para él la ambientación futurista y espacial fue una excusa para construir su propio Lawrence de Arabia místico y así poder contar todo lo que le viniera en gana. No desarrolló, ni era su pretensión hacerlo, toda una teoría social de cómo podría la humanidad volver a un modo de producción como el existente en su saga.

Herbert introduce la noción de la Jihad Butleriana, pero básicamente para eliminar las inteligencias artificiales, robots, etcétera de la ecuación, como puente para poder construir sin obstáculo una sociedad que usara drogas para potenciar la mente y un Imperio otomano del futuro contra el que lanzar a un nuevo Mesías. Sólo será su hijo, para seguir tirando del hilo, el que se adentre en esa época anterior a Dune. Villeneuve, por su parte, seguramente ni se ha hecho esta pregunta. De hecho no ha sentido la necesidad siquiera de mencionar la guerra contra las máquinas. Y realmente, creo que no era necesario.

Pero atreviéndome a apostar, creo que es tan probable un universo futuro similar al que vemos en Dune, como que el capitalismo (con cualquiera de sus vertientes más o menos ciberpunks) siga existiendo dentro de mil años, como parece suceder si nos fijamos en la inmensa mayoría de las obras de ciencia ficción. ¿Las descarta? ¿Les resta calidad?

¿Pero se puede retroceder?

La respuesta a si la humanidad puede retroceder creo que, desgraciadamente, es un rotundo sí. Einstein ya lo decía. No sabía qué armas se emplearían en una hipotética tercera guerra mundial, pero estaba convencido que, de haber una cuarta, ésta sería con palos y piedras. Y con respecto al patriarcado y el machismo, lo mismo. Si ahora hay avances evidentes en los derechos de las mujeres, eso no es garantía de que el avance a un futuro de igualdad sea lineal y siempre en ascenso. ¡Qué se lo pregunten a las mujeres afganas! Todo derecho hay que defenderlo y reconquistarlo una y otra vez. Que retrocedamos o avancemos dependerá de nosotros.

Lo más probable es que dentro de miles de años, si la humanidad sigue existiendo —y sigue siendo humanidad—, ésta viva en un sistema socioeconómico inimaginable para nosotros. Lo único que me atrevo a afirmar es que normalmente el germen de los futuros sistemas socioeconómicos ya están presentes en el sistema que le precede. Pasó con el feudalismo respecto al esclavismo clásico y con el capitalismo con respecto al feudalismo.

Ahora bien, la ciencia ficción, en muchísimas ocasiones, realmente no quiere retratarnos fielmente cómo será la humanidad del futuro. El autor utiliza un escenario futurista para cebarse con aquellos aspectos de nuestra sociedad actual que quiere destacar, maximizar o criticar. En Dune sucede exactamente eso. Y Villeneuve, más allá de que éste sea el proyecto de sus sueños, una ambición personal, etc., parece, por sus propias palabras, que también buscaba eso mismo. Otra cosa es que lo lograra, o que lo lograra de manera suficiente.

Y, con todo esto, ¿Cuál es la esencia de Dune?

Y llegamos aquí al quid de la cuestión con la Dune de Villeneuve. ¿Realmente transmite esta adaptación la esencia del libro de Herbert? Probablemente cada espectador saque sus propias conclusiones, porque también para cada lector la novela original tiene su propia esencia.

Yo, en mi humilde opinión, creo que Villeneuve no ha logrado transmitir todo lo que él pretendía. Pienso que quería criticar la opresión colonial y señalar la importancia vital del agua, sin que llegara a ser un panfleto, pero necesitaba magnificar la acción y añadir su sello personal en cuanto a fotografía, ritmo… Supo reducir la mitología y el misticismo de la novela para hacer la película digerible para el gran público, e incluso pudo introducir algún leve elemento de modernización con respecto al original sesentero sin llegar a molestar al fandom. Pero no supo enfatizar lo suficiente los mensajes que quería transmitir. Y todo este conjunto le da al resultado un tono algo gris que, si bien creo que deja tras de sí una gran película, le impide alcanzar la excelencia.

Esnobismo y palomitas

En todo caso, quiero terminar con una reflexión sobre esas constantes comparaciones de Dune con Star Wars y la ciencia ficción más «palomitera». Por supuesto que hay algo de Dune en Star Wars. También en Star Wars hay western, Flash Gordon, Akira Kurosawa… Herbert también usó muchas influencias: David Lean y su Lawrence de Arabia, por ejemplo, como ya dijimos… El punto no es ese. Lo que me molesta es ese constante intento por parte de algunos «críticos» de presentar Dune como la obra culta para una élite y Star Wars como algo para el vulgo iletrado, como si en Star Wars no hubiera calidad e incluso mensaje. Y, por supuesto no quiero desmerecer a Dune. Es un libro que me apasiona. Pero el que Dune sea una lectura compleja no apta para todos los públicos, ¿es positivo? ¿Es esa característica una virtud? No, ni muchísimo menos.

Y la prueba es precisamente esta película. Villeneuve y los guionistas debieron de sufrir lo indecible a la hora de decidir qué quitar y qué no quitar para hacer la película accesible a la mayoría de los espectadores. ¡Y buscando no traicionar la esencia de la novela! Aunque no puedo puntuarla con un diez, por las razones que ya he expuesto, desde luego el resultado ha merecido la pena. Ahora sólo esperar a que finalmente tengamos la segunda parte. Y, mientras, el hijo de Herbert seguirá enriqueciéndose gracias al brillante trabajo de su padre.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has visto Dune de Villeneuve? ¿Qué te pareció?


poster de Dune de Villeneuve

Ficha de la película:

Dune

  • Director: Denis Villeneuve
  • Guionistas: Denis Villeneuve, Eric Roth y Jon Spaihts
  • Basada: Dune de Frank Herbert
  • Estreno: 3 de septiembre de 2021.
  • Productoras: Legendary Pictures, Villeneuve Films y Warner Bros. Pictures

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3 comentarios en «Dune de Villeneuve frente a Dune de Herbert»
    1. Con lo bonita que es, y lo espectacular de los paisajes y actores me da pena que no lo haya contado todo. Me da igual que al que no le interese el libro no le hubiese gustado la película. Si lo llega a explicar todo hubiera sido la mejor película de mi vida.

      Encuentro frialdad no en la película sino en mi. Tengo que rellenar con mis recuerdos todas las emociones que los recortes que hace de la obra me impiden sentir.

  1. Soporífera, banda sonora plana, fantástica fotografía y poco mensaje místico. Es este director que es frio y sus personajes no transmiten emociones es lo que he visto ya previamente en The arrival y BR2049 . Con todos los defectos de la película de Lynch me sigue gustando muchísimo más. Será que soy de la Generación X y ya resulto viejo para los gustos actuales.

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