Avenue 5

La gran noticia de la farándula espaciotrastornada es el auge que estamos viendo del turismo espacial. Estos meses hemos visto los viajes y las polémicas entre Branson y Bezos, a William Shatner preparándose para seguir los pasos del capitán Kirk, etc… Por supuesto este turismo está pensado como un negocio exclusivo para los más ricos. Así que, como agua de mayo viene a cuento la divertidísima serie de HBO Avenue 5 creada por Armando Iannucci. Avenue 5 nos cuenta las locas peripecias de un yate espacial de lujo. Iannucci se hizo famoso por otra genial comedia: Veep, las peripecias de Selina Meyer, vicepresidenta de los EEUU.

En Veep vemos una jugosa parodia de la élite política más poderosa del planeta. En la pantalla desfilan personajes tristemente creíbles: políticos y asesores egoístas, frívolos, muy soeces, ignorantes y populistas. Entre gags desternillantes Iannucci nos convence de que muchísimos vividores de la Administración probablemente se acerquen más a sus personajes, que a la imagen de «servidores del pueblo» que tratan de cultivar. Por supuesto no niego que haya políticos profesionales que realmente se crean lo que dicen… pero…

De Veep a Avenue 5

Y aunque Avenue 5 nos traslada años en el futuro, cambiando Washington por el espacio exterior, mucho de Veep está presente en este nuevo proyecto.

Avenue 5 es el primer gran crucero turístico espacial, en principio pilotada por el capitán Ryan Clark (Hugh Laurie). En una embarcación ostentosamente lujosa, propiedad del genio multimillonario y empresario Herman Judd. Su vuelo inaugural cuenta con un selecto grupo de pasajeros y es un evento seguido por todo el mundo.

Sin embargo, estando ya en pleno vuelo, un inesperado accidente provoca la muerte del ingeniero jefe y un ligero desvío de la trayectoria. Lo que tenía que ser un viaje de placer super lujoso, pensado para que su pasaje disfrute sin frenos durante 8 semanas, deberá ahora durar tres largos años. Sólo entonces podrán volver a la Tierra. A partir de ahí, iremos comprobando que hay mucha fachada, mentira, superficialidad, ignorancia e incompetencia.

A lo largo de nueve episodios veremos una sucesión de muy reales estereotipos demostrados a medida que se desarrolla la trama.

  • La cruda ignorancia de los nuevos ricos y su desprecio hacia los que consideran inferiores.
  • La preponderancia de la imagen frente al contenido y la sobrevaloración del marketing frente a la calidad.
  • Las relaciones personales dominadas por la mentira, la superficialidad y las falsas apariencias.
  • Las consecuencias del individualismo extremo, el ego y la ambición.
  • La decadencia de las viejas glorias; la cobardía de la comodidad y el lujo; la infravaloración del trabajo manual…

y podríamos seguir con el listado. Todo muy ácido, caustico.

Lo real y lo satírico

Siguiendo la estela de Veep, Avenue 5 nos muestra un paisaje reconocible. Sabemos que Iannucci nos está mostrando estereotipos y arquetipos en principio exagerados e incluso forzados. Y sin embargo, es precisamente lo que decía: muy reconocible. Lo mismo pasaba con Veep. Escuchábamos a la vicepresidenta Meyer despreciando a sus votantes, pensando sólo en sí misma y demostrando una sorprendente y burda ignorancia… y aunque sabemos que es una interpretación, una sátira etc. resultaba dramáticamente creíble. Nos podíamos imaginar a poderosos políticos educados en las mejores universidades del país, mostrando su verdadero rostro hipócrita en torno a una botella de whisky, soltando todo tipo de vulgaridades e improperios.

Lo mismo sucede en Avenue 5. Cuando vemos a Judd no podemos obviar a los nuevos genios de la tecnología y la economía: genialmente ignorantes. Lo comentábamos, por ejemplo, cuando escribimos sobre Forest, el creador de DEVS en un registro muy diferente a la comedia. Pero tampoco es la primera vez que las sit-com nos retratan esta psicología tan actual. Recordemos la maravillosa Silicon Valley, donde el protagonista, el brillante Richard Hendricks poco a poco se va convirtiendo en reflejo de su odiado antagonista, Gavin Belson.

Pasa lo mismo con el culto a la imagen. Cuando veamos el lujoso puente del Avenue 5, propio de Star Trek y posteriormente conozcamos el verdadero papel de Clark y la tripulación. Al final lo importante es lo que vende, la imagen, el packaging. La crítica al marketing no termina ahí. La publicidad y el autobombo están muy presentes a bordo de nuestra embarcación. Resuenan esas cotidianas frases pomposas sobre «lo más importante es el cliente» o «lo primero son las personas» y demás publicidad corporativas que nos rodean constantemente. El contrate desde el primer momento, con el responsable de la atención al cliente, Matt Spencer (Zaach Woods, precisamente uno de los protagonistas de Silicon Valley) es cristalina.

Pero el mundo funciona… más o menos

Lo realmente curioso es que, siendo todo ello verdad. Viviendo en un mundo de apariencias, marketing y mentiras… no hemos colapsado. Hay problemas, hay crisis, hay miseria, hay malas decisiones, errores, negligencia, corrupción, defectos… pero casi todo más o menos funciona.

Lo mismo sucede con Avenue 5. Rodeada como está de incompetencia e ignorancia… la nave vuela. Con sus fallos, con sus errores y accidentes, pero la nave vuela. Tras la fachada, tras los que se lucran de la apariencia, tras los genios vanidosos, están todos los que al final hacen posible que la nave vuele. Aunque sean sudorosos y grasientos técnicos recluidos en una bodega lejos de las miradas de los lujosos pasajeros.

El mundo es un poco así. Una costra de vividores del trabajo ajeno. Alimentados por su labia, su imagen, su capital inicial… Y bajo esa superficie, todos los que con esfuerzo y profesionalidad sostienen el mundo. Cada vez me resulta más evidente que, si el mundo no ha colapsado, aún, es precisamente porque aunque la costra es muy llamativa, gritona, opulenta y derrochadora, bajo ella estamos la mayoría de la humanidad.

Sobre el turismo espacial

¿Es positivo para la humanidad el turismo espacial?

Hay grupos ecologistas que están denunciando que los ambiciosos proyectos de turismo espacial traerán más problemas al ya en jaque ecosistema del planeta Tierra. Ya no sólo las emisiones de carbono uno de los causantes del calentamiento global: Se estima que cada vuelo turístico de Virgin Galactic y Blue Origin emite unas 60 y 90 toneladas de dióxido de carbono, respectivamente. Es decir, unas 8 y 15 toneladas por pasajero. Además, al parecer la liberación de gases en las capas altas de la atmósfera es perjudicial para la delicada capa de ozono y, aunque se trata de combustibles líquidos, algunos de ellos pueden resultar tóxicos al liberarse en nuestra atmósfera.

escena de Avenue 5

Otro asunto es la proliferación de basura espacial rodeando el planeta Tierra o los planes de SpaceX y otras empresas de inundar las órbitas bajas de satélites artificiales —privatización del cielo han llegado a denominarlo, ya que ocultará y dificultará la cada vez más complicada observación del espacio desde nuestra noche—. Vemos que hay bastantes problemas asociados a unas iniciativas empresariales que parecen imparables. ¿Pero todo esto supondrá una mejora para la humanidad? ¿Nos facilitará la conquista de las estrellas? ¿Es un paso para «democratizar» el espacio? Es posible que debajo de estos vuelos suborbitales haya mucho ruido y pocas nueces. El tiempo lo dirá.

Pero antes de nada. Bajo el capitalismo que estas empresas se salgan con la suya es bastante inevitable a no ser que se extendiera una ola de protesta por el planeta lo suficientemente fuerte como para detener estos planes u obligar a los principales países del mundo a legislar sobre el espacio. Al final la legislación terminará por llegar, pero ésta puede ser tardía, desigual, seguramamente laxa y, lo más peligroso, al servicio de las grandes corporaciones. Pero si Bezos, Branson o Musk ven negocio en el turismo espacial, apostarán por él. Y no sólo por beneficios directos, que inevitablemente, al principio cuando sólo sea una actividad para millonarios no serán muchos, sino también por imagen, contratos que de manera coyuntural conseguirán —con sus propios clientes, como los célebres contratos de los palcos del Bernabeu— y tecnologías que desarrollarán que podrán aplicarlas o venderlas en otros sectores.

Elitismo y turismo

Resulta bochornoso ver richachones despilfarrando millones de dólares en unos pocos segundos de emoción y adrenalina. Por mucho que sea una experiencia única. Para ellos es calderilla, para la mayoría es un capital ingente que bien invertido podría ayudar a solventar muchísimos problemas en el mundo: más vacunas, mejores hospitales y escuelas, más investigación, la fusión fría, reducir las emisiones, modernizar la irrigación para ahorrar agua en la agricultura… y la lista es numerosa. Estos viajes son muy llamativos, pero esta clase de ricachones ya antes gastaban su dinero en sus lujos y caprichos igual de reprobables.

Pero desde el punto de vista de muchos ellos, ¿de qué sirve ser multimillonario si no lo puedes demostrar? si no puedes ostentar.

Ahora, el problema de que el viaje espacial, si no fuera tan elitista, y está lejos de que deje de serlo, ¿sería ecológicamente viable? Realmente es un problema extrapolable a todo tipo de turismo. Los grandes destinos turísticos están sobresaturados, los habitantes de estos lugares cada vez están más hartos de los turistas, quieren recuperar sus espacios, pero saben que sus puestos de trabajo dependen de la llegada en masa del turismo. Y es que los beneficios económicos que genera, hoy en día son imprescindibles para países como España, Italia, Grecia, Egipto o el sudeste asiático… Aunque genere contaminación de todo tipo, gentrificación, patrimonio artístico que se echa a perder, droga, prostitución, mafias…

¿La solución es poner un precio mayor al turismo como por ejemplo está haciendo Venecia? Acabar con la masificación, con todos los problemas que genera, ¿a cambio de elitizarlo?

Futuro del turismo

Pensémoslo un momento. Hay como dos grandes tipos de turismo. El turismo de la juventud que busca pasárselo lo mejor y más barato posible. Casi todos hemos pasado por ahí… Y la verdad es que genera un turismo descontrolado y bárbaro y, en mi opinión, completamente prescindible. Es un turismo, no nos engañemos, fomentado. Siempre es mejor tener a la juventud barbarizada en una discoteca que cuestionándose la sociedad. Pero también hay un turismo más cultural y familiar. El turismo del asalariado que con gran esfuerzo ha logrado ahorrar lo justo para pasar una semana o quince días en uno de esos lugares donde sólo podrá ir una vez en su vida. Y no podrá ir a cualquier sitio, por supuesto, terminará yendo a los lugares más masificados porque son los más baratos.

Está claro que cada vez hay más capas sociales de más países que pueden permitirse viajar y conocer distintas partes del mundo. ¡Y eso es positivo! Pero tenemos que lograr hacerlo de una manera sostenible o las consecuencias serán nefastas. Sostenible, pero que no sea excluyente. ¿Cómo? Quizá un turismo más variado, más planificado y distribuido con cupos por ejemplo; flexibilizando las vacaciones, que no se concentren en los mismos meses; potenciando el transporte público no contaminante, fomentando actividades culturales y no el turismo de borrachera… El problema, no nos engañemos, es que hay gente que gana mucho dinero con el modelo actual de turismo. Gente que sólo mira por su corto plazo, por su beneficio inmediato.

Un tipo de prostitución

Pero el turismo tiene otra cara, digamos en los países que lo sufren. Hace años trabajé en la Feria del Libro de la Habana. Allí varias personas me indicaron que les indignaba que alguien que lograra vivir de los turistas conseguiría más dinero que el salario de un profesor o un maestro. Con esto no digo que no haya que dignificar los empleos asociados al turismo, ¡todo lo contrario! son de los sectores más explotados y con peores condiciones laborales. Largas jornadas llenas de fatigas, aguantando a todo tipo de miserables, a cambio de salarios de ruina…

Pero al final, un país cuya economía depende del turismo y no de la actividad productiva, de fabricar, investigar, desarrollar, cultivar… en el fondo está favoreciendo una dinámica social de servidumbre, de agravios, falsedad, dependencia y resentimiento. Incluso se podría decir que se está prostituyendo, se convierte en un burdel. Se potencia una doble moral: lo importante es engañar al «guiri». Venderle un arroz de plástico y decirle que es paella. Crear un parque temático artificial y decirle que es nuestra cultura. Sacarle el máximo dinero posible a cambio de una experiencia falseada. Aprovecharnos de una persona que en muchos casos es como nosotros y que lleva meses soñando con unas vacaciones en las que desconectar de su trabajo, de su jefe, de las facturas, de la rutina…

Vivimos alienados… menos mal que aún nos quedan estupendas series como Avenue 5, con las que desconectar un poco de nuestra vida cotidiana…

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has visto Avenue 5? ¿Qué te pareció?

poster Avenue 5
poster Avenue 5

Ficha de la serie:

Avenue 5

  • Creador: Armando Iannucci
  • Estreno: 19 de enero de 2020.
  • Productoras: Dundee Productions

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