¡Arrepiéntete, Arlequín!

¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor Tic-tac

El pasado 27 de junio falleció el importante escritor y guionista de ciencia-ficción Harlan Ellison. Para homenajearle hoy queremos hablaros de uno de sus más importantes relatos: "¡Arrepiéntete, Arlequín!", dijo el señor Tic-tac.

En Thalassa ya habiamos dedicado dos entradas a obras suyas. Por un lado, el episodio de Star Trek La ciudad al fin de la eternidad. Suyo era el guión original, aunque el episodio emitido finalmente difería bastante. Por otro lado, la aventura gráfica desarrollada con su participación, a partir de otro de sus más  importantes relatos: No tengo boca y debo gritar.

Tiranía  y resistencia

Ambos relatos, No tengo boca y ¡Arrepiéntete, Arlequín! comparten una visión  muy pesimista del futuro humano. Pero también nos muestra la lucha y la resistencia de unos individuos, a pesar de todo.

En No tengo boca, la tiranía, el enemigo de Ellison, se personifica a través de la despiadada inteligencia artificial AM, padre y madre de todas las IAs que posteriormente se han alzado contra la humanidad.

Pero AM es la representación del Estado, esa máquina todopoderosa, casi divina, que, para los anarquistas, ha devorado la libertad humana.

Las víctimas de AM, finalmente, se enfrentan a su destino. En cierta medida, derrotan a un rival a priori invencible. El castigo al último superviviente será eterno, pero su sacrificio no ha sido en balde. Sus compañeros han logrado librarse de la tiranía.

Y en ¡Arrepiéntete, Arlequín!

¡Arrepiéntete, Arlequín! transcurre en un futuro donde el tiempo es la medida de todas las cosas. En esta sociedad los horarios son sagrados y cualquier incumplimiento, cualquier retraso, se castiga. El Señor Tic-Tac, como es conocido popularmente el Maestro Custodio del Tiempo, castiga al que se retrasa eliminando de su cardioplaca la cantidad de tiempo vital equivalente. Así un retraso puede llegar a costar la muerte. Por cierto, una buena reflexión sobre lo que supone la burocracia para una sociedad: nos hace perder tiempo, tiempo de nuestra vida que no recuperaremos, a través de colas, formularios y demás quebraderos de cabeza.

Sólo un individuo, el Arlequín, alentará la desobediencia civil para cuestionar el régimen establecido. Con pequeños actos de sabotaje, creará simpatía y odio por igual. Y sufrirá, por tanto, la persecución del Señor Tic-Tac que no descansará hasta capturarlo.

Harlan Ellison

La dictadura del tiempo, o de los que se enriquecen con nuestro tiempo

Ciertamente el dominio del tiempo afecta a todo el universo. Desde una estrella que nace y muere, hasta el más insignificante microbio. Todo lo que nos rodea dispone de un tiempo propio, un comienzo y un fin. Los acontecimientos periódicos nos ayudaron desde pronto a medir ese tiempo. Primero en días y noches, en estaciones, en años... Nada ni nadie puede escapar al tiempo, al menos hasta donde la física ha llegado.

Pero si el hombre siempre ha estado determinado por el paso del tiempo, su actual dictadura es mucho más reciente. No fue hasta el capitalismo industrial cuando la medición del tiempo adquirió un carácter sagrado. El tiempo pasó a convertirse en riqueza, en oro, en mercancías.Y para medirlo con más y más precisión se desarrollaron relojes cada vez más complejos. Ya no importan los días. Importan las horas, los minutos, los segundos, los microsegundos. Un retraso de minutos puede acarrear el despido. Un fallo de segundos, puede provocar un error insuperable.  Entregamos nuestro tiempo a otros, a cambio de dinero. Pero con el dinero no se puede comprar tiempo.

Vivimos más deprisa, pero el tiempo se nos escapa de las manos. Sólo unos privilegiados pueden disfrutar del tiempo, aquellos que pueden darles la espalda. En los pueblos aún hoy la vida es más calmada, más reposada. En las ciudades el ritmo frenético, el trabajo salvaje, nos destruye, nos provoca estress y muchas otras enfermedades laborales.

El tiempo como ejemplo de opresión

Pero Ellison no usa este cuento para protestar por los límites temporales de la vida humana. Entiende que si somos esclavos del tiempo, es porque nos han obligado a serlo. No es casualidad que el relato arranque con una extensa cita del discurso de Henry David Thoreau, Desovediencia civil.

Thoreau (1817-1862), liberal en lo económico, demócrata antiesclavista en lo político, sin llegar a ser anarquista, criticaba el poder del Estado y defendía que el ciudadano tenía derecho a defenderse de la opresión.

"Unos pocos, un escaso puñado, compuesto por héroes, patriotas y martires y reformadores en el más elevado sentido de la palabra, y hombres a secas, sirven al Estado con sus conciencias y de este modo necesariamente se oponen a él, por lo que, por regla general, éste les trata como a enemigos".

Según Thoreau, a diferencia de los que sirven al Estado como máquinas, sin cuestionarse nada, o como mercenarios serviles con el poder establecido, los verdaderos patriotas que "sirven al Estado con sus conciencias", terminan siendo perseguidos y acusados de traidores. Y eso es lo que le sucede al Arlequín.

¡Arrepiéntete, Arlequín!, 1984 y el pesimismo

El Arlequín es una figura rebelde, ingenua, disconforme con lo que le rodea. Sus acciones son inocentes y su confianza en sus conciudadanos es muy ingenua. Aunque en su origen no era así, hoy en día el Arlequín puede vincularse a alguien disconforme con las reglas, rebelde pero siempre con humor, ingenuidad y buenas intenciones. En el relato, sólo su anonimato le protegía de la furia del Sr. Tic-Tac.

Cuando Everett C. Marsh cae, toda la brutalidad de un Estado totalitario le aplasta. La referencia a 1984 no es inocente. En la famosa novela de George Orwell, Winston Smith, el protagonista, es destruido como persona. Torturado hasta un punto en que él mismo llega a creer que esa tortura es buena y necesaria. Winston confiesa sus pecados contra el régimen, convencido de que hace lo correcto, para luego desaparecer de entre los hombres para siempre. Ese es el destino que le espera al Arlequín.

1984 es una novela absolutamente pesimista. El libro explica la disidencia como un mecanismo del propio Estado para dar un cauce de expresión a los descontentos. Éstos caen en la trampa y así el Estado puede capturarlos, torturarlos y eliminarlos.

En el relato de Ellison, el pesimismo también es patente. No solo por el final, donde dejan entrever que el Sr. Tic-Tac incumple sus estrictas ordenes a su antojo, sino, sobre todo por la indiferencia que rezuman los ciudadanos ante la confesión de Everett C. Marsh y la critica a las "reformas" o mejoras, que se venden como grandes cambios, pero que realmente no cambian nada sustancial. La historia está llena de ejemplos al respecto, desgraciadamente.

Pesimismo u optimismo

¿Cuántas horas de nuestra vida las malgastamos en tareas impuestas o esperas absurdas? O peor aún, cuánto tiempo lo mal-empleamos y lo tiramos directamente a la basura. Muchas veces me he visto a mi mismo perdiendo el tiempo ojeando el móvil, dando vueltas inútiles por las redes sociales o por los portales de noticias. No digo que todo ese tiempo sea inútil, ni muchísimo menos, pero ¿no habéis tenido nunca la sensación de estar desaprovechando el tiempo?

Pero el problema no es el tiempo en sí, y mucho menos la responsabilidad está en los smartphones. El ocio, el descanso, esos momentos muertos en que nuestro cerebro se queda en blanco, son indispensables para nuestra salud mental.  La tiranía, la verdadera tiranía está en el modo de vida que nos han impuesto. Antes mencionábamos el estrés, pero hay muchas otras enfermedades laborales asociadas a los entornos laborales tóxicos que muchas veces no podemos abandonar. Los trabajos rutinarios, insatisfactorios, mal valorados, con malos ambientes, donde notamos que nos roban nuestro tiempo y energía, nos van destruyendo por dentro por dentro.

Los anarquistas achacan el mal de la sociedad al Estado. En cierta medida, hay muchas analogías entre un anarquista y un liberal, que también combate las intromisiones del Estado. Pero yo creo que el Estado es un instrumento de los que mandan, y los que mandan son los que nos obligan a tener esas condiciones de vida y laborales. A veces estos manda-mases necesitan un Estado más totalitario, pero a veces les sirve uno más democrático y liberal (donde por cierto también nos vigilan, emplean su propia neolengua, manipulan la realidad y torturan).

Yo, a diferencia de Harlan Ellison, soy un tipo optimista. Los compatriotas del Arlequín se asustarían, tendrían mucho miedo, al escuchar su confesión y arrepentimiento. Pero por cada tortura, por cada arrepentimiento, surge inevitablemente nueva savia dispuesta a seguir luchando contra la opresión.

¿Y tú qué opinas de todo esto? ¿Has leído El fin de la infancia? ¿Qué te ha parecido?

repentharlequin

Ficha del relato:

"¡Arrepiéntete, Arlequín!", dijo el Sr. Tic-Tac

  • Autor: Harlan Ellison
  • Título original: "Repent, Harlequin!" said the Ticktockman
  • Fecha de publicación: 1965
  • Revista: Galaxy Magazine
  • Premios:
    • Hugo al mejor relato corto en 1966
    • Nébula al mejor relot corto, también en 1966.

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