montaje Afterland

Muchísimas gracias queridos cuñados! ¡Acertasteis de pleno con el regalo de cumpleaños! Gracias a vosotros he podido disfrutar de la novela de distópica Afterland, de la escritora sudafricana Lauren Beukes. ¡Y me ha gustado mucho! Para el que no la haya leído, le puedo asegurar que pasará un buen rato muy entretenido. Nos veremos inmersos en una persecución atravesando unos EEUU muy distintos, pero muy iguales, con un ritmo narrativo ágil y fresco. Anarquistas, militares, supremacistas blancas, mafiosas, monjas de una secta, prostitutas… El libro está brillantemente narrado cruzando tres puntos de vista muy bien construidos e intercalando flashbacks que nos explican qué es lo que ha sucedido. Un gran trabajo, sin duda.

A ver. Que solo sobrevivan mujeres a una catástrofe no es algo nuevo. Tenemos, por ejemplo, el laureado cómic Y: The Last Man de Brian K. Vaughan y Pia Guerra del que creo que han hecho una no muy exitosa serie. Y, por supuesto, tampoco es la primera obra que ha inspirado la reciente pandemia. Hace poco hablábamos de la película Oxígeno de Alexandre Aja. Pero no nos engañemos, Afterland es más que la suma de ambas premisas.

El Machopocalipsis

La humanidad ha sufrido el Machopocalipsis. Un contagioso virus se ha extendido por todo el mundo provocando un rápido y mortal cáncer de próstata en el 99% de la población con cromosomas XY. El nuevo gobierno de EEUU retiene a los hombres supervivientes en instalaciones aisladas de la población donde estudian las causas por las que han resistido al virus. No sólo a ellos, también a sus madres y familiares. El objetivo es buscar un remedio que evite que los nuevos hombres que nazcan en el futuro vuelvan a perecer por culpa del virus. Mientras tanto, la reproducción está prohibida.

Miles, uno de los tres protagonistas, es un niño mulato de 12 años de Sudáfrica, que ha sobrevivido a la pandemia mientras visitaba junto a sus padres los EEUU y que, tras ver morir a su padre, se ha quedado con a su madre retenido en este país. Completa la triada protagonista Cole, la madre de Miles, que hará todo lo posible para protegerle y su tía Billie, hermana de Cole, cuyas intenciones son muchísimo más turbias y egoístas.

Y es que no sólo el Estado busca a los XY supervivientes. En torno a su semen, y a los propios niños, se ha extendido un lucrativísimo negocio de trata de hombres para mujeres ricachonas. Unas porque quieren quedarse embarazadas, otras porque quieren ganar dinero traficando. Y otras porque quieren reemplazar a sus hijos, amigos y familiares varones muertos. Porque, efectivamente, como se señala en la novela:

Que hayan desaparecido todos los hombres no significa que el mundo sea seguro. Las yonquis siguen siendo yonquis. La gente sigue siendo pobre, y hay personas desesperadas y hambrientas, o gentuza, sin más.

Fe, monja de la Iglesia de Todos los Pesares

Revolución interior o revolución social

Cuando avanzaba en mi lectura de Afterland inevitablemente me venía a la cabeza el viejo debate anarquista sobre qué tiene que ir primero: Una revolución social que terminara con las causas materiales que provocan la opresión. O una revolución interior de las personas, que diera a luz un nuevo hombre, libre de los prejuicios e ideas capitalistas y, por tanto, capaz de construir una nueva sociedad.

Los partidarios de esta segunda idea argumentaban que si la humanidad no protagonizaba primero esa revolución interior individual, aunque se llevara a cabo la revolución social, ésta inevitablemente terminaría por corromperse. La causa sería, argumentaban, que sin la revolución interior, el ser humano seguiría siendo un ser capitalista: injusto, egoísta, corruptible… Por tanto, volverían a resurgir todos los males contra los que se decía luchar. Así que primero teníamos que cambiarnos a nosotros mismos y sólo, más tarde, se podría aspirar a cambiar al mundo.

Los partidarios de la primera premisa estaban de acuerdo en las debilidades propias de un ser humano nacido en nuestra época. Pero señalaban que sólo una nueva sociedad podría parir nuevos humanos. Así que, según ellos, esperar a esa revolución interior sólo nos llevaría a perder las oportunidades que se presentaran para transformar la sociedad. Es más, esa revolución interior no se llegaría a dar de manera suficientemente generalizada, en la medida en que todos seguíamos siendo criaturas nacidas en el capitalismo.

¿Y qué tiene que ver Afterland con todo esto?

El mundo de después

Salvando todas las distancias, el Virus Humano de Culguoa ha provocado la mayor «revolución», entendida como cambio abrupto y brusco, que pudo haber visto la humanidad desde el Neolítico. Extermina al 99% de los seres humanos con cromosoma sexual XY. Desde un punto de vista que se verá bastante superficial, se podría creer que, eliminados los hombres, tendría que desaparecer el patriarcado y el machismo ya que, inevitablemente, el mundo de después estará dominado y regido por mujeres. Ahora lo veremos.

Lo primero a señalar es que la humanidad no ha colapsado tras el Machopocalipsis. ¡No se necesitan a los hombres para que el mundo siga funcionando! Por supuesto al principio habrá muchos problemas. El libro los señala. Primeramente la propia alarma social y caos asociado con una pandemia, como hemos visto con el Covid. Pero claro, empiezan a morir prácticamente todos los humanos con próstata, lo cual provoca un tremendo impacto, dolor y duelo y efectos psicológicos de todo tipo.

Pero la humanidad sobrevive. Las mujeres toman el mando. Poco a poco todo vuelve a funcionar. Los Estados no parecen haberse llegado a desintegrar. Siguen existiendo e incluso ejercen un evidente poder efectivo aunque ahora todos los cuerpos armados estén conformados exclusivamente por mujeres (la policía, el ejército), sólo haya mujeres políticas, juezas, funcionarias… La economía trata de abrirse camino (el comercio ha sufrido, hay escasez, fabricas cerradas…). Es interesante que la novela resalte que había profesiones casi monopolizadas por los hombres, como la mecánica, ingenierías, etc. en las que ahora hay una gran demanda de mano de obra, sin faltar mujeres dispuestas a aprender nuevos oficios.

Claros

Por supuesto, No todos los países están al mismo nivel. Nos llegarán retazos de que hay países donde las cosas van muy bien —mejor que en EEUU— y las mujeres están comenzando a construir una nueva sociedad. Curiosamente, o precisamente por ello, la respuesta de las mujeres de los países donde estaban hasta entonces más oprimidas parece milagrosa. Algunos de estos países pronto se han convertido, por ejemplo, en las principales potencias informáticas.

También conoceremos una pequeña, acogedora y simpática comuna anarquista (una casa-comuna). Sus componentes no dudarán en ayudar a Cole. La comuna está situada en el corazón del reaccionario Utah. Recordemos que éste es un Estado habitado hoy en día en un 60% por mormones cuyos hombres acaparan la administración y la economía. Es uno de los lugares más «conservadores» de EEUU.

Desgraciadamente, de estos claros, como he comentado, sólo veremos algunas menciones, algunos comentarios. Me hubiera gustado que se hubiera desarrollado más todo esto. Sin embargo, Beukes se centra más en mostrarnos como sigue existiendo la «vieja mierda».

Y oscuros

Y es que en Afterland, esa «vieja mierda» sigue muy presente y extendida, aunque ya no esté encabezada por hombres.

Como ya he señalado hay mafias, matonas sanguinarias, supremacistas blancas… También nos encontraremos mujeres enloquecidas y desesperadas… incapaces de adaptarse a la nueva situación. Sigue existiendo gente desalmada, capaces de vender a su familia. Hay mujeres aprovechadas, violentas. Hay multimillonarias y pobres. Sigue existiendo la prostitución y, seguramente la esclavitud.

El mundo de después en Afterland sigue siendo un lugar injusto. Y hay muchas mujeres que, pese a que ya no hay hombres, siguen llevando el patriarcado y la opresión en sus corazones.

La secta de la Iglesia de Todos los Pesares, que protagonizan casi toda la segunda parte de la novela, culpa a los pecados de la mujer de la desaparición de los hombres. Sólo cuando las mujeres se arrepientan de sus pecados y se perdonen y se entreguen a Dios (un Dios masculino, por supuesto), volverán los hombres. Como en la mayoría de los grupos religiosos, la moral de esta secta es reaccionaria. Demoniza el sexo o la homosexualidad o las diferentes identidades de género. Y se apoya y se nutre del dolor y la desesperanza, de mujeres inocentes que no son malvadas, pero que necesitan formar parte de un grupo, necesitan sentirse seguras y aceptadas. Fe, Castidad o Generosidad en ningún caso son villanas, ni muchísimo menos. Incluso les cogeremos cariño.

Afterland, huyendo a través de los EEUU
huyendo a través de los EEUU

Miles y Mila

Un aspecto muy interesante del Afterland es la interacción de lo que queda de humanidad con Miles. Pero no me refiero con el Miles varón, sino con Mila. Huyendo por los EEUU, Cole tendrá que vestir a su hijo de mujer, rebautizarlo como Mila e interactuar con él como si fuera una niña. Como a penas hay supervivientes masculinos, y los que hay están recluidos por el gobierno, nadie sospecha que Mila realmente es Miles. ¡Cómo va a ser un niño! El que sea un preadolescente imberbe y aniñado por supuesto ayuda. Pero un importante momento de la novela —que no voy a spoilear—, demuestra que las razones no están sólo en su apariencia física, sino que una catástrofe así ha interiorizado en casi todas que ya no existen los hombres.

De hecho, durante la propia lectura, la inmersión de Cole y Miles en el papel de Mila es tan fuerte, que sólo el embarazoso despertar sexual del niño, sus primeras erecciones involuntarias y una polución nocturna nos recuerda que se trata de un varón heterosexual. Es un aspecto interesante porque nos podría llevar a plantearnos si, aparte de las diferencias puramente biológicas, al final el género es realmente una construcción social, algo que enseñamos a los niños y niñas. Por tanto, en una sociedad sin varones, incluso los supervivientes podrían pasar por hembras.

Por supuesto en una sociedad postapocalíptica como en Afterland aún no puede ser así, porque si Mila se revelara como Miles siempre habría alguien dispuesto a aprovecharse de su condición de varón. La situación inversa, mujeres que tienen que evitar que algún varón trate de aprovecharse de ellas, es vergonzosamente habitual en nuestra sociedad, así que verlo a la inversa, al hombre como el ­«débil», es realmente educativo.

La familia, célula de la sociedad moderna

Quizá el punto más débil del libro es cierta moralina que existe sobre el valor y la importancia de la familia. No voy a negar que hoy por hoy no hay nada más bonito e inspirador que el amor que una madre siente por sus hijos. Aunque también tiene su lado egoísta cuando una mujer muy seguramente salvaría antes a sus propios hijos que a los hijos de otra mujer. Beukes da una pequeña pincelada de estos sentimientos cuando nos describe a algunas madres que envidian, incluso odian, a Cole porque su hijo a sobrevivido y los de ellas no. «¿Por qué no te llevaste al de ella en lugar de al mío?». Personalmente, aunque inevitablemente al principio se darían ciertas reacciones similares, creo que la humanidad en general siente mucha empatía natural ante la infancia, aunque no se traten de carne de tu carne.

Pero claro, la historia es de una madre que huye con su hijo en un mundo hostil. Lo cual también obligará a Cole a ejercer de madre y tomar decisiones con las que su hijo no tiene por qué estar de acuerdo. El problema es que la familia de Cole, pese a ser interracial, etc., no deja de ser una familia tradicional. Y la figura que se aleja del estándar de familia tradicional, Billie, es la antagonista, la desalmada cabra loca.

Mucho más progresista hubiera sido, por ejemplo, que Cole y Miles encontraran refugio en un grupo de mujeres, por ejemplo la propia casa-comuna anarquista. Un entorno de solidaridad femenino. Pero Cole quiere regresar a casa, con su familia, a su hogar. Es legítimo, pero más tradicional.

¿Es Afterland feminista?

Todas las reseñas que he leído aseguran que sí que lo es. Yo no me veo con autoridad como para afirmar un rotundo sí o un rotundo no. Me gustaría conocer vuestras opiniones.

Hay claros elementos que me hacen pensar que sí: Como ya señalé, las mujeres sobreviven a ese Machopocalipisis. Los hombres no son imprescindibles salvo para la reproducción sexual y el mundo se está reconstruyendo. Pero también es cierto que la autora pone más énfasis en cómo continúa existiendo la degradación social, en cómo hay mujeres que añoran el patriarcado y en cómo hay muchas mujeres que quieren aprovecharse de otras mujeres (y de niños indefensos). Además está toda la fuerza que se da a la relación entre Cole y Miles, que, sin ser idealizada, sí es tradicional.

Me quedaría con una lectura que si es muy interesante y que enlaza con lo que apuntaba más arriba sobre la revolución individual y la revolución social. Incluso aunque mañana se extinguiera, véase el hombre, o todas las familias ricachonas, o todos los supremacistas, o el colectivo opresor que queramos, la humanidad aún tendría toda una lucha por delante para acabar con la injusticia y la villanía. Quizá ese es el mensaje de Beukes.

Al fin y al cabo es verdad que con el paso del tiempo se «extinguen» generaciones y se da paso a otras nuevas, pero eso no implica automáticamente que desaparezcan viejas lacras. Los hombres y mujeres (mal)educados por el franquismo van «extinguiéndose». El prototipo de hombre supermacho que tenía que evitar mostrar sentimientos, que debía jugar el rol de sustentandor del hogar tradicional, etc. terminará por extinguirse. Pero eso por si sólo no terminará con el machismo ni con el patriarcado. En general se está avanzando (aunque siempre pueden darse retrocesos, y se darán), pero está claro que es un avance consciente. Consciente… y dirigido por las mujeres activistas que luchan día a día por sus derechos.

¿Y tú que opinas de todo esto? ¿Has leído Afterland? ¿Qué te ha parecido?


portada de Afterland

Ficha del libro:

Afterland

  • Escritora: Lauren Beukes
  • Publicación: 6 de abril de 2020
  • En España: publicado por RBA, ISBN: 9788491877721
  • Traductora: Pilar Ramírez Tello

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